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La Apologética Cristiana: ¿Quién La Necesita?



por William Lane Craig (Link Externo)

Estoy profunda y humildemente honrado por el privilegio de que se me invitara a las Conferencias Stob este año. Es más, estoy un poco apenado por todo el alboroto que ustedes han hecho. Hay una tentación de querer justificar el que seleccionen a uno como conferencista Stob, es decir, dar un par de conferencias esperanzadamente impresionantes y eruditas. Pero una llamada del Presidente Plantinga me dejó más que claro que tal tentación no era consistente, ni con el propósito que se pretendía, ni la audiencia de esas conferencias. Había pensado en hablar de algunos temas claves en la teología filosófica cristiana. Pero el Presidente Plantinga me alentó a tratar la pregunta de la apologética cristiana, un tema al parecer muy apreciado por el corazón de Henry Stob, pero de alguna manera abandonado en años recientes. Me animó a aprovechar mis años de experiencia, como un apologeta cristiano, para compartir algunas reflexiones muy prácticas en esta disciplina. Así que, es lo que me he resuelto hacer. Esta noche nos hacemos la pregunta fundamental: La apologética cristiana - ¿quién la necesita?

Para empezar, creo que debemos distinguir entre la necesidad de la apologética y su utilidad. La distinción es importante. Porque aun si la apologética no resultara ser absolutamente necesaria, no se concluye de ello que es, por lo tanto, inútil. Por ejemplo, no es necesario saber escribir a máquina para usar una computadora, puedes escribir de a dedazo, como yo; sin embargo las habilidades para escribir a máquina son muy útiles al usar una computadora. Dicho de otra manera, no es necesario mantener tu bicicleta en buen estado para ir en ella, pero puede ser un verdadero beneficio mantenerla bien engrasada. De la misma manera, la apologética cristiana puede ser de gran utilidad aun si no es necesaria para algún fin. Así que, no solamente necesitamos preguntar respecto a la apologética cristiana, ¿Quién la necesita? sino también ¿Para qué sirve?

La apologética cristiana puede definirse como aquella rama de la teología cristiana, que busca presentar una justificación racional para las verdades expresadas del cristianismo. Aquéllos que tratan a la apologética como si no tuviese importancia, tienden a medir el valor de la apologética enfocándose en su supuesta necesidad de garantizar la creencia cristiana. Algunos pensadores, particularmente en la tradición reformada holandesa, ven este rol como innecesario y a veces hasta equivocado.

Ahora, estoy completamente de acuerdo con los modernos y así llamados epistemólogos reformados, como Alvin Plantinga, en cuanto a que: los argumentos apologéticos y la evidencia no son necesarios para que la creencia cristiana sea justificada para alguien. El argumento de los racionalistas teológicos (o evidencialistas, como se les llama falsamente hoy en día) de que la fe cristiana es irracional en la ausencia de evidencia positiva es difícil de armonizar con la Escritura, la cual parece enseñar que la fe en Cristo puede establecerse inmediatamente por el testimonio interior del Espíritu (Ro. 8.14-16; 1 Jn. 2.27; 5.6-10) de tal manera que el argumento y la evidencia se vuelven innecesarios. He caracterizado en alguna otra parte el Testimonio del Espíritu Santo como autenticado por sí mismo, y con eso quiero decir (1) que la experiencia del Espíritu Santo es verídica e inequívoca (aunque no necesariamente irresistible o indubitable) por aquél que le tiene o le atiende; (2) que esa persona no necesita argumentos suplementarios o evidencia para conocer y saber con certeza que él está de hecho experimentando el Espíritu de Dios; (3) esta experiencia no funciona en este caso como una premisa en ningún argumento desde una experiencia religiosa a Dios, sino que es experimentar a Dios mismo inmediatamente. (4) que en ciertos contextos la experiencia del Espíritu Santo implicará la comprensión de ciertas verdades de la religión cristiana como; "Dios existe, "Estoy reconciliado con Dios", "Cristo vive en mí", etc.; (5) que esa experiencia le proporciona a uno, no solamente una certidumbre subjetiva de la verdad del cristianismo, sino también un conocimiento objetivo de esa verdad; y (6) que la evidencia y los argumentos incompatibles con esa verdad quedan sin efecto por la experiencia del Espíritu Santo por aquél que le atiende totalmente.

Los cristianos evidencialistas pudieran insistir en que, aun si la creencia cristiana pudiera justificarse en la ausencia de argumentos apologéticos positivos, incluso así, uno debe tener, al menos, los recursos apologéticos de defensa para vencer las diversas objeciones con las que uno se ve confrontado. Pero todavía, esa afirmación más modesta es apresurada, porque si el testimonio del Espíritu Santo en la vida de una persona es lo suficientemente poderoso (como debiera ser), entonces simplemente destruirá los argumentos que vengan en contra de las creencias cristianas de esa persona, y de este modo, eliminando incluso la necesidad de la apologética defensiva. Un creyente, que desconoce o que está pobremente equipado para refutar argumentos anticristianos, está justificado en creer, con base en el testimonio del Espíritu, aún ante tales objeciones. Incluso una persona que se enfrenta con lo que para él son objeciones sin respuesta para el teísmo cristiano está, debido a la obra del Espíritu Santo, dentro de sus derechos epistémicos—no, bajo obligación epistémica—de creer en Dios. Ya que las creencias basadas en el testimonio objetivo y verídico del Espíritu son parte de la emancipación invencible de la razón, la fe del creyente está justificada, aunque esté completamente privada de argumentos apologéticos (como es el caso de la mayoría de los cristianos hoy en día y a través de la historia de la Iglesia).

Por el contrario, el cristiano evidencialista se enfrenta con serias dificultades: (1) Negaría el derecho a la fe cristiana a todos los que no tienen la habilidad, tiempo y oportunidad de entender y evaluar los argumentos y la evidencia. La consecuencia sería, sin duda, consignar incalculables millones de personas que son cristianas a la incredulidad. Sin embargo, la Escritura dice que todos los hombres están sin excusa por no responder a la revelación que tienen (Ro.1.21). (3) Esta perspectiva crea un tipo de élite intelectual, un sacerdocio de filósofos e historiadores, que dictarán a las masas si es racional o no creer en el Evangelio. Pero, sin duda, la fe está disponible para todos los que, en respuesta al llamado del Espíritu, invocan el nombre del Señor. (4) La fe está sujeta a los caprichos de la razón humana y a las tierras movedizas de la evidencia, haciendo la fe cristiana, racional en una generación, e irracional en la siguiente. Pero el testimonio del Espíritu hace a cada generación contemporánea con Cristo, y así asegura una base firme para la fe.

Así que, no creo, de hecho, que la apologética sea necesaria para que la creencia cristiana se garantice. Pero no se concluye por ello que la apologética cristiana sea, por lo tanto, sin valor o de ningún beneficio en justificar la fe cristiana. Si los argumentos de la teología natural y las evidencias cristianas son acertados, entonces la creencia cristiana está justificada por esos argumentos y evidencias, para que la persona las entienda, aún cuando esa persona estaría justificada en la ausencia de éstos. Esta persona está doblemente justificada en su creencia cristiana, en el sentido de que disfruta de dos fuentes de garantía.

Se pueden visualizar los grandes beneficios que se tienen de esa doble garantía en las creencias cristianas de uno. Teniendo argumentos válidos para la existencia de Creador y Diseñador del universo o evidencia para la credibilidad histórica de los registros del Nuevo Testamento de la vida de Jesús, además de que el testimonio del Espíritu podría incrementar la confianza de uno en cuanto a la veracidad de las verdades cristianas expresadas. En el modelo epistemológico de Plantinga, al menos, uno tendría entonces mayor garantía por creer tales afirmaciones. Mayor garantía podría, a su vez, guiar a un incrédulo venir a la fe más fácilmente, o inspirar a un creyente a compartir su fe de forma más audaz. Además, el disponer de una garantía independiente para las verdades cristianas expresadas, aparte del testimonio del Espíritu, podría ayudar a predisponer al incrédulo a responder al llamado del Espíritu Santo cuando escuche el Evangelio, y al creyente podría proporcionarle apoyo epistémico en momentos de sequedad espiritual o duda, cuando el testimonio del Espíritu parece eclipsado. Uno puede, sin duda, pensar en muchas otras maneras en las que puede ser provechoso para las creencias cristianas poseer esa garantía.

Así que la pregunta es: ¿la teología natural y las evidencias cristianas garantizan la creencia cristiana? Pienso que así es. En mi trabajo publicado he formulado y defendido versiones de los argumentos cosmológico, teleológico, axiológico y ontológico a favor de la existencia de Dios, y también he defendido el teísmo en contra de las objeciones más prominentes que los pensadores ateos albergan para creer en Dios, como el problema del mal, lo oculto de Dios y la coherencia del teísmo. Además, he argumentado a favor de la autenticidad de las afirmaciones personales y radicales de Jesús y la historicidad de su tumba vacía, sus apariciones después de su muerte a varias personas y grupos. Y la creencia inesperada de los primeros discípulos de que Dios lo levantaría de los muertos. Asimismo, haciendo uso de los criterios estándares para evaluar las hipótesis históricas, he argumentado que la mejor explicación de los hechos, es aquella dada por los mismos apóstoles: Dios levantó de los muertos a Jesús.

Si estos argumentos son correctos, entonces la creencia del teísmo cristiano se justifica por la teología natural y las evidencias cristianas, así como, también por el testimonio interno del Espíritu Santo. Así que, aunque los argumentos apologéticos no son necesarios para saber que el cristianismo es verdadero, aún así son suficientes, y esta doble justificación para las creencias cristianas puede ser de gran ventaja. Por lo tanto, el éxito de la Epistemología Reformada y el fracaso del Racionalismo Teológico de ninguna manera implica que la apologética sea inservible o sin importancia.

Más que eso: aun si la apologética cristiana no es necesaria en cuanto a que garantice la creencia cristiana, la apologética cristiana puede ser de provecho y hasta necesaria en relación a varios fines. Permítame mencionar tres de ellos, en donde la apologética cristiana desempeña un papel vital en su realización.

1. Moldear la cultura. La apologética es útil, y bien puede ser necesaria, para que el Evangelio sea oído de manera efectiva en la sociedad occidental de hoy. En general, la cultura occidental es profundamente post-cristiana. Es el producto de La Ilustración, la levadura del secularismo, que se introdujo en la cultura europea y que ha permeado, hasta ahora, toda la sociedad occidental. El sello de La Ilustración fue "el libre pensamiento", esto es, la búsqueda de conocimiento, a través y solamente de la razón humana, sin límites. Si bien, de ninguna manera se puede evitar que tal búsqueda lleve a conclusiones no cristianas, y aunque la mayoría de los mismos pensadores originales de La Ilustración eran teístas, el abrumador impacto de la mentalidad de La Ilustración ha sido que los intelectuales de occidente no consideren que el conocimiento teológico sea posible. La teología no es una fuente genuina de conocimiento y por lo tanto no es ciencia. Es así que la razón y la religión están en conflicto. Lo que de la ciencias naturales resulte se ha de tomar como guías autoritativas para nuestro entendimiento del mundo, y la confiada suposición es que la descripción del mundo que emerja de las ciencias genuinas es una descripción completamente naturalista. La persona que siga la búsqueda de la razón sin temor a su final será ateo o a lo más, agnóstico.

¿Por qué son importantes estas consideraciones de la cultura? Simplemente porque el Evangelio nunca se escucha en aislamiento. Siempre se le escucha en contra del trasfondo del ambiente cultural en el que uno vive. Una persona educada en un ambiente cultural en el que el cristianismo es todavía visto como una opción viable intelectualmente mostrará una apertura al Evangelio, lo que una persona secularizada no. ¡Para la persona secular es lo mismo si le dices que crea en cuentos de hadas o duendes, como en Jesucristo! O para dar una ilustración más realista, es como el que se nos acerque en la calle un creyente del movimiento Hare Krishna y nos invite a creer en Krishna. Semejante invitación nos parece bizarra, rara, incluso entretenida. Pero para una persona en Bombay, tal invitación parecería, asumo, muy razonable y sería una causa seria de reflexión. Me temo que en las calles de Bonn, Estocolmo o París los evangélicos parecen casi tan raros a las personas como los creyentes de Krishna.

Lo que nos espera en Norteamérica, en caso de que la caída en el secularismo continúe constante, ya es evidente en Europa. Aunque la mayoría de los europeos retienen una afiliación nominal con el cristianismo, sólo el 10% son creyentes que lo practican y menos de la mitad son de teología evangélica. La tendencia más significativa en la afiliación religiosa europea es el crecimiento de aquellos clasificados como "no religiosos" de 0% de la población en 1900 a arriba del 22% hoy en día. Como resultado el evangelismo es inmensurablemente más difícil en Europa que en los Estados Unidos. Haber vivido por trece años en Europa, donde hablé evangelísticamente en los campus universitarios por todo el continente, puedo testificar qué tan dura es la tierra. Es difícil que el Evangelio sea oído siquiera. Por ejemplo, recuerdo vívidamente que cuando hablé en la Universidad de Porto en Portugal, los estudiantes estaban tan incrédulos ante la posibilidad de un cristiano intelectual con títulos de doctorado de dos universidades europeas, que sospechaban que era realmente un impostor. ¡Incluso hablaron a la Universidad de Louvain en Bélgica, donde era un investigador visitante, para confirmar mi afiliación con la universidad!

EU sigue en cierta manera el mismo camino, y Canadá está en algún punto intermedio. La caída de Canadá en el secularismo ha sido abrupta. En 1900, los evangélicos representaban el 25% de la población canadiense. Para 1985, cayeron vertiginosamente a menos del 8% de la población. Mi experiencia, como ponente en los campus universitarios por Canadá, me sugiere que Canadá personifica un tipo de cultura centroatlántica más cercana hacia el secularismo europeo que su vecino del sur. El pluralismo y el relativismo son la sabiduría convencional en las universidades canadienses. Lo políticamente correcto y las leyes que regulan el discurso reprimen debatir respecto a temas de importancia ética y sirven como armas para oprimir ideas e instituciones cristianas. La caída de Canadá en el secularismo ilustra qué tan importante es mantener un ambiente cultural comprensivo a la creencia cristiana para la efectividad del evangelismo. Afortunadamente, los canadienses evangélicos han revertido esta tendencia durante la última década. Pero la cuesta arriba será mucho más difícil que el bajar, puesto que será directamente en contra de una cultura que ha llegado a oponerse a la cosmovisión cristiana.

Es por esta razón que los cristianos que disminuyen el valor de la apologética, porque "nadie viene a Cristo a través de argumentos intelectuales", tienen una vista muy corta. Ya que la apologética se extiende más allá de un contacto evangelístico cristiano. La tarea de la apologética tiene una mira más amplia para ayudar a crear y mantener un ambiente cultural en el que el Evangelio pueda escucharse como una opción intelectualmente viable para los hombres y mujeres pensantes. El gran teólogo de Princeton, J. Gresham Machen en su artículo "El Cristianismo y la Cultura", declaró correctamente:

Las ideas falsas son los más grandes obstáculos para la recepción del evangelio. Podemos predicar con todo el fervor de un reformador y así sólo tener éxito en ganar una batalla rezagada aquí y allá, si permitimos que todo el pensamiento de la nación sea controlado por ideas que impidan al cristianismo ser considerado no más que una falsa ilusión inofensiva.

Desafortunadamente, se hizo caso omiso de la advertencia de Machen, y el cristianismo bíblico se retrajo en los closets intelectuales del aislacionismo cultural, del cual hemos empezado a volver a surgir sólo recientemente.

Ahora, las grandes puertas de oportunidad se mantienen abiertas ante nosotros. Vivimos en un tiempo donde la filosofía cristiana está experimentando un renacimiento genuino, revitalizando la teología natural, en un tiempo cuando la ciencia está más abierta a la existencia de un Creador trascendental y Diseñador del cosmos que en ningún otro momento en tiempos recientes, en una etapa donde la crítica bíblica se ha embarcado en una búsqueda renovada del Jesús histórico, la cual trata a los evangelios seriamente como fuentes históricas de valor para la vida de Jesús y ha confirmado las líneas principales del retrato de Jesús que se describe en los evangelios. Estamos bien equilibrados intelectualmente para ayudar a volver a dar forma a nuestra cultura, de tal manera que recobremos el terreno perdido para que el Evangelio pueda ser oído como una opción intelectualmente viable para la gente seria.

Ahora bien, puedo imaginarme a algunos de ustedes pensando, "¿No vivimos en una cultura postmodernista en la que apelar a los argumentos de la apologética tradicional ya no son efectivos? Ya que los postmodernistas rechazan los cánones tradicionales de la lógica, la racionalidad y la verdad, los argumentos racionales para la verdad del cristianismo ya no funcionan. Más bien, en la cultura de hoy deberíamos simplemente compartir nuestra narrativa e invitar a la gente a participar en ella".

En mi opinión, esta forma de pensar no podría estar más equivocada. La idea de que vivimos en una cultura postmoderna es un mito. De hecho, una cultura postmoderna es imposible, no sería posible vivirla. ¡Nadie es un postmodernista; cuando se trata de leer las etiquetas de un frasco de medicina a una caja de veneno para ratas! ¡Más vale creer que los textos tienen un significado objetivo! La gente no es relativista en cuestiones de ciencia, ingeniería y tecnología, donde sí son relativistas y pluralistas es en cuestiones de ética y religión. Pero, adviertan que eso no es postmodernismo, ¡eso es modernismo! Eso es sólo el ya bien establecido Positivismo y el Verificacionismo, éstos sostienen que cualquier cosa que no puedas probar con tus cinco sentidos, es sólo cuestión de gusto individual y expresión emotiva. Vivimos en un ambiente cultural que permanece profundamente modernista.

De hecho, pienso que el postmodernismo es uno de los engaños más artificiosos que Satanás haya ideado. Nos dice "El modernismo está muerto", "No necesitas temerle más. Ya olvídalo; está muerto y sepultado". Mientras que el modernismo aparenta estar muerto, vuelve en el traje elegante del postmodernismo, camuflageandose como un nuevo contrincante. Se nos dice: "Tus viejos argumentos y apologética ya no son efectivos en contra de ésta nueva llegada". "Déjalos de lado, no sirven de nada. Sólo comparte tu narrativa". De hecho, algunos, cansados de las largas batallas en contra del modernismo, dan la bienvenida al nuevo visitante con alivio. Y así, Satanás nos engaña al dejar de lado voluntariamente nuestras mejores armas; la lógica y la evidencia, y de ese modo asegura inadvertidamente el triunfo del modernismo sobre nosotros. Si adoptamos este curso de acción suicida, las consecuencias para la Iglesia en la siguiente generación serán catastróficas. El cristianismo se le reducirá a otra voz en la cacofonía de voces en competencia, cada uno compartiendo su narrativa y ninguno recomendándose a sí mismo como portador de la verdad objetiva de la realidad, mientras que el naturalismo científico moldea la perspectiva de nuestra cultura de cómo es realmente el mundo.

Ahora bien, esto va sin dejar de mencionar, ciertamente, que al practicar la apologética debemos ser relacionales, humildes, con una actitud invitadora; pero eso es difícilmente una percepción original del postmodernismo. Desde el principio los apologetas cristianos han sabido que debemos presentar razones de la esperanza "con mansedumbre y reverencia" (1P. 3.15). Uno no necesita abandonar los cánones de la lógica, la racionalidad y la verdad para ejemplificar estas virtudes bíblicas.

Y en cuanto a la idea de que la gente en nuestra cultura ya no está interesada o sensible a la argumentación racional y la evidencia del cristianismo, nada podría estar más lejos de la verdad. Si me permiten hablar de mi experiencia, por más de veinte años he hablado evangelísticamente en los campus universitarios en Norteamérica y Europa, compartiendo el Evangelio en el contexto de presentar una defensa intelectual de las verdades expresadas del cristianismo. Siempre concluyo mis pláticas con un periodo largo de preguntas y respuestas. Durante todos esos años, prácticamente nadie se ha levantado y dicho algo como: "Tu argumento está basado en estándares chauvinistas occidentales de la lógica y la racionalidad" o expresado algún otro sentir postmodernista. Esto simplemente no sucede. Si abordas las preguntas a un nivel racional, la gente responde a ellas a un nivel racional. Si presentas evidencia científica o histórica para una verdad expresada del cristianismo, los estudiantes incrédulos pueden argumentar contigo respecto a los hechos, eso es exactamente lo que quieres, pero no atacan la objetividad de la ciencia o la historia mismas. Si presentas un argumento deductivo a favor de una verdad cristiana, los estudiantes inconversos pueden levantar objeciones a tu conclusión o premisas, lo que es, otra vez, precisamente donde la discusión debe centrarse, pero no se contiende del uso de la lógica en sí.

Ahora, lo que si veo es que los estudiantes pueden sospechar de un conferencista cristiano. Así que, a ellos les gusta escuchar ambos lados del tema presentado. Por esta razón, encuentro a los debates como un foro especialmente atractivo para el evangelismo universitario. Competí por ocho años en actividades de debate en preparatoria y universidad, debatiendo temas de interés público como el programa de ayuda militar, control de paga y de precios etcétera. Nunca pensé que algún día el debate se volvería una actividad ministerial. Pero tan pronto como terminé mi doctorado teológico, empecé a recibir invitaciones de grupos de estudiantes cristianos en Canadá para participar en debates en temas como; "¿Dios existe?", "¿Jesús se levantó de los muertos?", "El Humanismo vs. El Cristianismo", y así sucesivamente. Y lo que he descubierto es que, mientras que unos cuantos o tal vez unas doscientas personas vendrán a escucharme a dar una plática en el campus universitario, varios cientos o incluso miles de estudiantes vendrán a un debate donde puedan escuchar ambos lados. Por ejemplo, 2,200 estudiantes en el campus universitario de Riverside vinieron a escuchar mi debate con Greg Cavin tocante a la resurrección de Jesús. En la Universidad de Wisconsin en Madison 4,000 los estudiantes salieron, ¡en la noche de un partido de básquetbol!, para escuchar a Antony Flew y a mí, debatir la existencia de Dios. Simplemente, este Febrero pasado 3000 estudiantes en la Universidad de Iowa desafiaron una tempestad de nieve, que descargó siete pulgadas de nieve en el campus, para escuchar mi debate con un profesor universitario de Estudios Religiosos, conocido por su enemistad mortal hacia el cristianismo. Más tarde, en la primavera de este año, 3,000 estudiantes en la Universidad de Purdue salieron a escuchar el debate que tuve con el joven filósofo humanista Austin Dacey tocante a la pregunta "¿Dios existe?". El enfoque en todos estos debates es el argumento racional y la evidencia. Hay tremendo interés entre los estudiantes de escuchar una discusión balanceada de las razones en favor y en contra de la creencia Cristiana.

Así que, no se dejen engañar pensando que la gente en nuestra cultura ya no está interesada en la evidencia del cristianismo. Precisamente, lo contrario es la verdad. Es de vital importancia que preservemos una cultura en la que el Evangelio se escuche como una opción viva para personas serias, y la apologética estará a la vanguardia en ayudar para suscitar ese resultado.

2. Fortalecer a los creyentes. No sólo la apologética es vital en moldear nuestra cultura, sino que también juega un rol vital en las vidas de las personas. Uno de esos roles será fortalecer a los creyentes.

Jan y yo pasamos el verano de 1982 viviendo en un departamento en Berlín, preparándome para mis exámenes orales de teología en la Universidad de Munich. Había estado preparándome por más de un año para estos exámenes cruciales, tenía una pila de apuntes de un pie de altura que había virtualmente memorizado y revisado diario anticipadamente para el examen. Durante nuestra estadía ahí, tuvimos el placer de tener como invitada a Ann Kiemel y a su esposo Will mientras pasaban por Berlín. En ese tiempo Ann era una de las oradoras cristianas más populares en los Estados Unidos. Era una persona única que solía encontrarse con desconocidos y buscaba animarlos entonando cancioncillas de forma improvisada y compartiéndoles su fe. Era extremadamente sentimental y emocional. Contaba historias, algunas de ficción, algunas reales, eso bastaba para hacer llorar a una audiencia de mujeres en minutos.

Pues al sentarnos un día a la mesa, pensé en tratar de aprender algunas lecciones de su experiencia. "Ann" le pregunté, "¿Cómo te preparas para tus mensajes?", ella respondió "¡Oh!, no lo hago".

Me quedé completamente perplejo. "¿No te preparas?" le dije.

"No", respondió.

Me quedé absolutamente pasmado. "Bueno, entonces ¿qué haces?" le pregunté.

"Oh, sólo comparto mis luchas."

No podía creerlo. Ahí estaba yo matándome en años de preparación en el ministerio, y ¡ella no se prepara! Sin embargo no cabía duda de su efectividad. Alcanzaba a miles de personas con el Evangelio. Contaba historias de cómo incluso académicos de un carácter fuerte se ablandaban por sus cancioncitas e historias y venían a Cristo. Llegué a pensar, "¿Por qué hacer todo esto, cuando todo lo que necesitas hacer es compartir tus luchas?"

Regresamos a los Estados Unidos ese verano para hacer un sabático en la Universidad de Arizona en Tucson, donde vivía un antiguo amigo. Un día compartí con él la conversación que tuve con Ann y le dije cómo aquello me había realmente bajado los ánimos. Él me dijo algo que fue muy tranquilizador. Me dijo "Bill, algún día esas personas a quienes Ann Kiemel ha traído al Señor, van a necesitar lo que tienes que ofrecer".

Él tenía razón. Las emociones te llevarán sólo hasta ahí, y entonces necesitarás algo más substancial. La apologética provee algo de esa substancia. Al hablar en las iglesias por el país, frecuentemente me encuentro a padres que se me acercan después del servicio y dicen algo como: "¡si sólo hubiera estado aquí hace dos o tres años!" "Nuestro hijo (hija) tenía preguntas respecto a la fe que nadie en la iglesia podía contestar, y ahora ha perdido su fe y está lejos del Señor".

Me rompe el corazón conocer a padres así. Al viajar, también he tenido la experiencia de conocer a otras personas que me han dicho cómo evitaron ser apóstatas por leer un libro de apologética o ver un video de un debate. En estos casos, la apologética ha sido el medio por el que Dios ha causado su perseverancia en la fe. Ahora bien, desde luego, la apologética no puede garantizar la perseverancia, pero puede ayudar y en algunos casos puede, con la providencia de Dios, hasta ser necesaria. Recientemente tuve el privilegio de hablar en la Universidad de Princeton respecto a los argumentos a favor de la existencia de Dios, y después de la conferencia se me acercó un joven que quería hablar conmigo. Obviamente tratando de contener las lágrimas, me dijo cómo hacía un par de años había estado luchando con dudas y estaba a punto de abandonar su fe. Alguien le dio un video de uno de mis debates. Me dijo, "Ese video me salvó de perder mi fe, no puedo agradecerle lo suficiente".

Le dije, "Fue el Señor quien te salvó de caer".

"Sí", contestó, "pero él lo usó a usted. No tengo cómo agradecerle". Le dije cuan emocionado estaba por él y le pregunté por sus planes a futuro. "Me voy a graduar este año", me dijo, "y pienso ir al seminario. Voy al pastorado". ¡Alabado sea Dios por la victoria en la vida de este joven!

Otros estudiantes que conocí en Princeton se enrolaron en una clase que se impartía por el crítico del Nuevo Testamento, Elaine Pagels, la cual apodaban "La clase del destructor de la fe" por su efecto destructivo en la fe de muchos estudiantes cristianos. No tenían forma de saber qué tan distante estaban los puntos de vista del catedrático Pagels de la corriente principal de erudición tocante a los evangelios gnósticos. Fue un privilegio compartir con ellos las bases para la credibilidad del Nuevo Testamento, el cual atestigua de Jesús.

Su experiencia no es inusual. En la preparatoria y en la universidad a los jóvenes se les ataca con todo tipo de cosmovisiones no cristianas, aunado a ello el agobiante relativismo. Si los padres no se ocupan intelectualmente de su fe y no tienen argumentos sólidos a favor del teísmo cristiano y buenas respuestas para las preguntas de sus hijos, entonces estamos en un peligro real de perder a nuestra juventud. Ya no es suficiente enseñar a nuestros hijos historias de la Biblia simplemente, necesitan doctrina y apologética. Es difícil entender cómo es que la gente hoy en día puede arriesgar el ser padres sin haber estudiado apologética.

Desafortunadamente, también nuestras iglesias han dejado caer la bola en esta área. Es insuficiente para los grupos de jóvenes y las clases de escuela dominical enfocarse en pensamientos devocionales entretenidos. Debemos entrenar a nuestros niños para la guerra. No nos aventuremos pues a enviarlos a escuelas de nivel medio superior o a la universidad armados con espadas de hule y armaduras de plástico. El tiempo para jugar ya pasó.

Pero la apologética cristiana hace más que salvaguardar de los errores. Los efectos positivos de construcción del entrenamiento apologético son todavía más evidentes. Esto lo veo todo el tiempo en los campus universitarios cuando estoy en debate. John Stackhouse me hizo notar que estos debates son realmente una versión occidentalizada de lo que los misiólogos llaman "un encuentro de poder". Creo que eso es un análisis perspicaz. Los estudiantes cristianos se salen de estos encuentros con una confianza renovada en su fe, ponen sus cabezas en alto, orgullosos de ser cristianos, y más atrevidos al hablar de Cristo en su campus. A veces después de un debate los estudiantes dirán, "¡No puedo esperar más para compartir mi fe en Cristo!"

Muchos cristianos no comparten su fe con los incrédulos simplemente por temor. Tienen miedo de que los incrédulos les hagan preguntas o levanten objeciones que no puedan contestar. Así que, deciden permanecer callados y así esconder su luz debajo de un almud, en desobediencia al mandato de Cristo. El entrenamiento apologético es una tremenda ayuda para el evangelismo, pues nada inspira más confianza y audacia que saber que uno tiene buenas razones para lo que uno cree y buenas respuestas a las preguntas y objeciones típicas que el incrédulo pueda plantear. Un entrenamiento sano en apologética es una de las claves para el evangelismo sin temor.

En ésta y en muchas otras maneras la apologética ayuda a construir el cuerpo de Cristo, al fortalecer a los creyentes de manera individual.

3. Evangelizar a los incrédulos. Pocas personas estarían en desacuerdo conmigo de que la apologética fortalece la fe de los creyentes cristianos. Pero muchos dirán que la apologética no es muy útil en el evangelismo. "Nadie viene a Cristo a través de argumentos", te dirán. (No sé cuantas veces he escuchado decir esto).

Ahora, esta actitud de falta de interés hacia el rol de la apologética en el evangelismo ciertamente no es el punto de vista bíblico. Conforme uno lee los Hechos de los Apóstoles, es evidente que fue el procedimiento estándar de los apóstoles para argumentar a favor de la verdad del punto de vista cristiano, tanto con los judíos como con los paganos (ej. Hechos 17.23, 17; 19.8; 28.2324). Al tratar con audiencias judías los apóstoles apelaban a la profecía cumplida, los milagros de Jesús, y especialmente a la resurrección de Jesús como evidencia de que él era el Mesías (Hechos 2.22-32). Cuando confrontaron a las audiencias gentiles, las cuales no aceptaban el Antiguo Testamento, los apóstoles apelaron a la obra de Dios en la naturaleza como evidencia de la existencia de un Creador (Hechos 14.17). Luego se apeló al testimonio de los testigos de la resurrección de Jesús, para mostrar específicamente que Dios se había revelado a sí mismo en Jesucristo (Hechos 17. 30,31; 1Co. 15.3-8).

Francamente, pienso que aquellos que consideran a la apologética como trivial, simplemente no hacen mucho evangelismo. Sospecho que han tratado de usar argumentos apologéticos en alguna ocasión y encontraron que la persona incrédula se mantuvo escéptica. Luego llegan a la conclusión generalizada de que la apologética no es efectiva en el evangelismo.

Ahora bien, hasta cierto punto estas personas son sólo víctimas de falsas expectativas. Cuando reflexionas que sólo una minoría de personas que escuchan el Evangelio lo aceptarán y que sólo una minoría de aquellos que lo aceptan lo hacen por razones intelectuales, no debería sorprendernos que el número de personas con el que la apologética es efectiva es relativamente pequeño. Por la misma naturaleza del caso, deberíamos esperar que la mayoría de los incrédulos permanezcan sin convencer por nuestros argumentos apologéticos, así como, la mayoría permanece indiferente al predicarles la cruz.

Bueno, entonces, ¿por qué preocuparse con esa minoría de la minoría con la que la apologética es efectiva? Primero, porque cada persona es preciosa delante de Dios, una persona por la que Cristo murió. Como un misionero, que fue llamado a alcanzar algún grupo recóndito de personas, el apologeta cristiano tiene carga por alcanzar esa minoría de personas que responderán al argumento racional y a la evidencia.

Pero, en segundo lugar, y aquí es donde el caso difiere significativamente del caso del grupo recóndito de personas, este grupo de personas, aunque relativamente pequeño en número, es enorme en influencia.

Una de estas personas, por ejemplo, es C.S. Lewis. ¡Piense en el impacto que una sola conversión de un hombre sigue teniendo! He visto que las personas que más se identifican con mi trabajo apologético tienden a ser ingenieros, médicos y abogados. Esas personas están entre las más influyentes en formar nuestra cultura actual. Así que, alcanzar esta minoría de personas producirá una gran cosecha para el Reino de Dios.

De cualquier manera, la conclusión general de que la apologética es ineficaz en el evangelismo es precipitada. Lee Strobel recientemente me comentó que ha perdido la cuenta del número de personas que han venido a Cristo a través de sus libros El Caso de Cristo y El Caso de la Fe. Y si se me permite, tampoco ha sido mi experiencia el que la apologética sea ineficaz en el evangelismo. Continuamente estamos emocionados de ver a la gente entregar sus vidas a Cristo, a través de presentaciones apologéticamente orientadas del Evangelio. Después de una plática a favor de la existencia de Dios o evidencia a favor de la resurrección de Jesús o una defensa del particularismo cristiano, a veces termino con una oración para que entreguen su vida a Cristo, y las tarjetas de comentarios indican aquellos que han registrado tal entrega. Apenas esta primavera pasada, di un tour de conferencias en las universidades de Illinois, y estábamos entusiasmados de encontrar que casi cada vez que di esa presentación, los estudiantes tomaban decisiones para Cristo. ¡Hasta he visto estudiantes venir a Cristo sólo al oír una defensa del argumento cosmológico kalam!

Uno de los casos más emocionantes fue el de Eva Dresher, una física polaca que conocimos en Alemania poco después de que terminé mi doctorado en filosofía. Conforme Jan y yo hablábamos con Eva, llegó a mencionar que la física había destruido su creencia en Dios y que la vida ya no tenía significado para ella. "Cuando veo al universo todo lo que veo es obscuridad", decía, "y cuando me veo a mí misma, todo lo que veo es obscuridad interior". (¡Cuán triste declaración del predicamento moderno!) Bueno, en ese momento Jan le ofreció, "¡oh, deberías leer la disertación doctoral de Bill! Usa la física para probar que Dios existe". Así que le prestamos mi disertación del argumento cosmológico para que la leyera. En los siguientes días ella se mostró progresivamente más entusiasmada. Cuando llegó a la sección de astronomía y astrofísica, ella estaba muy contenta. "! Conozco a los científicos que estás citando!" exclamó asombrada. En el momento que llegó al final su fe había sido restaurada. Ella dijo, "gracias por ayudarme a creer que Dios existe".

Le contestamos, ¿Te gustaría conocerle de una manera personal? Entonces hicimos una cita para volver a verla esa misma tarde en un restaurante. Mientras, de memoria, preparamos nuestro propio folleto de Las Cuatro Leyes Espirituales. Después de la cena abrimos el folleto y empezamos, "Así como hay leyes físicas que gobiernan nuestro universo físico, así también existen leyes espirituales que gobiernan nuestra relación con Dios…"

"¡Leyes físicas! ¡Leyes espirituales!" exclamó. "¡Esto es justo lo que necesito!" Cuando llegamos a los círculos al final que representan dos vidas y le preguntamos qué círculo representaba su vida, puso su mano sobre los círculos y dijo, "¡Esto es muy personal!, no puedo contestar ahorita". Así que le animamos a que se llevara el folleto a casa y le entregara su vida a Cristo.

Cuando la vimos el día siguiente, su rostro se veía radiante de gozo. Nos dijo cómo se había ido a casa y en la privacidad de su cuarto hizo la oración para recibir a Cristo. Luego, tiró en la taza del baño todo el vino y los tranquilizadores que había estado consumiendo. Era una persona verdaderamente transformada. Le dimos una Biblia Good News (Buenas Nuevas) y le explicamos la importancia de mantener una vida devocional con Dios. Nuestros caminos se apartaron por varios meses. Pero cuando la vimos otra vez, todavía estaba entusiasmada con su fe, y nos dijo que sus posesiones más preciadas eran su Biblia y su folleto hecho a mano de Las Cuatro Leyes Espirituales. Fue una de las ilustraciones más vívidas que he visto de cómo el Espíritu Santo puede usar los argumentos y la evidencia para atraer a la gente a un conocimiento de Dios que salva.

Ha sido emocionante, también, escuchar historias de cómo la gente ha llegado a Cristo por leer algo que he escrito. Por ejemplo, cuando estaba dando conferencias en Moscú hace unos años, conocí a un hombre de Minsk en Belorusia. Me dijo que poco después de la caída del comunismo había escuchado a alguien leer en ruso por la radio de Minsk mi libro La Existencia de Dios y el Principio del Universo. Al final de la transmisión se había convencido que Dios existe y rindió su vida a Cristo. Me dijo que hoy en día está sirviendo al Señor como anciano en una iglesia bautista en Minsk. ¡Alabado sea Dios! Previamente, este año en la Universidad A & M de Texas, conocí a una mujer que asistía a mis conferencias. Me dijo con lágrimas en los ojos que por 27 años se había alejado de Dios y se sentía desesperanzada. Curioseando en una librería Border se topó con mi libro Por favor ¿Quiere ponerse de pie el auténtico Jesús?, el cual contiene mi debate con John Dominic Crossan, copresidente del radical Seminario de Jesús, y compró una copia. Dijo que al leerlo, fue como si la luz simplemente viniera y le entregó su vida a Cristo. Cuando le pregunté qué hacía, me dijo que era una psicóloga que trabaja en una cárcel de mujeres en Texas. Sólo piensen en la influencia cristiana que puede tener en un ambiente tan desesperado.

Si me permiten, una última historia. Los últimos años, he tenido el privilegio de estar involucrado en debates con apologetas islámicos en varios campus universitarios en Canadá y en los Estados Unidos. Este verano, temprano un sábado por la mañana, recibí una llamada telefónica. La voz del otro lado de la línea dijo, "¡Hola! ¡Soy Sayd al-Islam llamando desde Omán!" Pensé, "¡Oh, no! Me encontraron". Continuó explicando que había secretamente perdido su fe musulmán y se había vuelto ateo. Pero al leer varias obras apologéticas cristianas, las cuales estuvo ordenando por Amazon.com, había llegado a creer en Dios y estaba al borde de hacer un compromiso con Cristo. Estaba impresionado con la evidencia de la resurrección de Jesús, y me había llamado porque todavía tenía algunas preguntas que todavía necesitaba resolver. Hablamos por una hora, y percibí que en su corazón él ya había creído en Cristo; pero quería ser cuidadoso y asegurarse de que tenía la evidencia en su lugar, antes de que tomara ese paso conscientemente. Me explicó, "Usted entiende que no puedo decirle mi verdadero nombre. En mi país debo llevar una vida doble, de otra manera me matarían." Oré con él que Dios le siguiera guiando a la verdad, y nos despedimos. ¡Pueden imaginarse cuan agradecido está mi corazón con Dios por usar estos libros -¡y por el internet!-, en la vida de este hombre! Historias como esas podrían multiplicarse, y claro está, nunca escuchamos la mayoría de ellas.

Así que, aquellos que dicen que la apologética no es efectiva con los incrédulos deben estar hablando de su limitada experiencia. Cuando la apologética se presenta persuasivamente y se combina de una forma sensible con el Evangelio y un testimonio personal, el Espíritu de Dios concede usarla para traer a ciertas personas a sí mismo. ¿La apologética es necesaria en esos casos? ¿Esas personas habrían aceptado a Cristo de cualquier forma, aun sin escuchar los argumentos? Creo que nos queda decir "¡Sólo Dios sabe!" Al menos, Dios lo sabe si tiene conocimiento medio ¿no?. Podemos no saber el valor verdadero de esas circunstancias contrafácticas de la libertad, pero podemos y sabemos, por experiencia, que Dios usa la apologética en el evangelismo para traer a las personas perdidas hacia Él.

Así que, en conclusión, la apologética cristiana es parte vital del currículum teológico. Aunque no es necesaria para garantizar la creencia cristiana, sin embargo es, creo yo, suficiente para garantizar la creencia cristiana y por lo tanto de gran beneficio. La apologética juega un papel vital y tal vez crucial en moldear la cultura, fortalecer a los creyentes y evangelizar a los incrédulos. Por todas estas razones, soy totalmente entusiasta en cuanto a la apologética cristiana.
 Notas
1 Creo que los epistemólogos reformados, como Alvin Plantinga, han podido ofrecer un modelo epistemológico, el cual, si el teísmo cristianismo es verdadero, muestra cómo puede garantizarse la creencia cristiana en la ausencia de argumentos epistemológicos. Sólo ajustaría ese modelo para propósitos de la teología cristiana, eliminando el llamado sensus divinitatis (el sentido de lo divino), el cual no encuentra base alguna en la Escritura, y favoreciendo el testimonium Spiritu Sancti internum (el testimonio interno del Espíritu Santo) el cual está confirmado por la Escritura. Además, en lugar de tomar el testimonio del Espíritu como un proceso que forma creencias, que sería análogo a una facultad cognitiva (la cual es una interpretación difícil de mantener que es literalmente verdadero que "yo creo en Dios", ya que la facultad o el proceso no es mío), yo debería entenderlo como una forma de testimonio dado a mí por el Espíritu de Dios, o una parte de las circunstancias que fundamentan la creencia que me formo en Dios y las grandes verdades del Evangelio.
2 Algunos epistemólogos reformados, aunque respaldan los argumentos de la teología natural, han expresado escepticismo en relación a los prospectos de la apologética histórica, porque conforme uno le añade más a la hipótesis propia, la probabilidad de esa hipótesis disminuye rápidamente. Esa objeción, sin embargo, está doblemente mal entendida. Primero, las probabilidades no necesitan disminuir y pueden, de hecho, incrementarse si uno le añade progresivamente evidencia específica adicional a la información previa conforme la hipótesis se perfecciona. El error de la objeción es que tiene a la evidencia fundamental constante mientras se le añaden hipótesis adicionales, en lugar de incrementar la evidencia conforme uno se concentra específicamente en las creencias cristianas. Segundo, de cualquier manera los historiadores habitualmente, no evalúan las hipótesis históricas por medio de la probabilidad del cálculo. Más bien, usan criterios de evaluación tales como un enfoque explicativo, poder explicativo, grado de argumentos ad hoc, y así subsecuentemente. Estos son los medios por los que he argumentado a favor de la superioridad de la resurrección.


Extraido de: http://www.reasonablefaith.org/spanish/la-apologetica-cristiana-quien-la-necesita#ixzz3EcF0pkSK

Dios No está Muerto: el Libro


Un argumento de peso para el cristianismo que equipa a los creyentes como nunca antes.
El objetivo de Dios no está muerto es sencillo: ayudarle a desarrollar "una fe que es real, creíble y lo suficientemente fuerte, a la vez que asiste a otros a encontrar la fe en Dios". Con ese fin, Rice Broocks esboza un mapa que guía a aquellos que buscan respuestas a reconocer las verdades más básicas del cristianismo:
  • Hay evidencia abrumadora y emocionante sobre la existencia de Dios
  • El Dios que existe es de hecho el Dios de la Biblia
  • Dios ha revelado su naturaleza a través de su Hijo, Jesucristo
Argumentos persuasivos trabajados con herramientas tomadas de la lógica, la ciencia y la filosofía, así como de la Escritura, solidifican su fe cristiana y le proporcionan puntos de partida para las discusiones con escépticos. Dios no está muerto es la apologética para el siglo XXI, presentada en términos sencillos. Aprenda a hablar de su propia fe con confianza a la vez que guía a otros a una relación personal con Jesús.
Rice Broocks es el cofundador de la familia de iglesias Every Nation con más de mil iglesias en más de sesenta naciones. Es el ministro principal en Bethel World Outreach Church en Nashville, Tennessee y autor de varios libros como The Purple Book y Every Nation in Our Generation. Es graduado de la Mississippi State University. Además tiene una maestría del Reformed Theological Seminary y un doctorado del Fuller Theological Seminary.


Testimonio de Cipriano Valdés Jaimes, ex sacerdote Católico



No cabe dudas de que usted y yo, en una u otra ocasión, hemos visto un hombre vestido de un manto largo negro, a veces blanco, camina do con sus manos cruzadas y con una serena expresión en su rostro Nuestra primera idea puede haber sido de que estábamos mirando a "un dios vestido como un hombre", para usar una expresión común en ciertos círculos. En realidad, era un sacerdote católico romano, una figura en un velo de misterio.

Yo, Cipriano Valdés Jaimes, era uno de estos sacerdotes. Nací en Michoacán, México, en una familia católica devota, y recibí mi educación primaria bajo la mirada vigilante de los que me enseñaron a observar la frecuente confesión y la comunión diaria. Cuando llegué a la edad de doce años, llamé a la puerta del Seminario Diocesano en Chilapa, en el estado de Guerrero. Durante cinco largos años estudié el latín de Cicerón y Virgilio. Por tres años mi mente fue llenada de la filosofía de los escritores griegos. Con gran cuidado me sometieron a la enseñanza de teología donde aprendí los dogmas del romanismo. Finalmente, el 18 de octubre de 1951, el día de San Lucas el Evangelista, fui ordenado sacerdote.

Sinceramente engañado
En ese día, mediante la imposición de las manos del obispo, se me otorgaron los poderes increíbles, engañosos y falsos que la Iglesia Católica Romana pretende dar a un hombre para engañar a otros. Se me otorgó la capacidad de perdonar los pecados de los hombres, tanto adentro como afuera del horrible confesionario. En ese día recibí el poder sacrificar a Cristo una y otra vez en un altar a mi gusto y antojo. Ahora podía librar almas del purgatorio, un lugar inventado por Roma, mediante un ritual mentiroso y lucrativo. Esta es la innegable enseñanza de la Iglesia Romana de que antes de ir al cielo las almas de los hombres deben pasar a través de dicho lago de fuego. ¡Cuán lejos de la verdad! ¡Qué error! No obstante, eso es lo que yo creía como resultado de la obra penetrante y meticulosa en Dogmática y Teología Moral. Por tanlo, cuando se me dijo que tenía poder para perdonar los pecados de mis congéneres, acepté el hecho de todo corazón, sin darme cuenta de que perdonar pecados es un atributo divino. Esto no puede delegarse a ut hombre. La Escritura dice: "Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados" (Isaías 43:25); "¿Quién  puede perdonar pecados sino sólo Dios?" (Marcos 2:7). Durante veinte años en el sacerdocio católico romano yo participé en esta práctica ridícula, vergonzosa y antibíblica de escuchar diariamente las flaquezas de la sociedad, incluyendo a militares, profesionales y políticos. Yo era el direcIor espiritual en las escuelas. Durante un año ocupé el cargo de Cura Párroco Adjunto, y durante diecinueve años fui Cura Párroco. Tenía sacerdotes asistentes y de confianza que me ayudaban a llevar a cabo mis absurdas obligaciones.

Cristo fue sacrificado una sola vez, por todos
A fin de repetir el sacrificio no cruento de Cristo sobre el altar, se me había dado el poder de convertir el pan en su cuerpo y el vino en su sangre mediante las palabras mágicas de la consagración. Con gozo y profundo respeto acepté esa autoridad. En mis manos se hallaría al mismo Creador del universo, el Dios eterno, hecho hombre por nosotros. ¿Es posible que durante veinte años continué sacrificando a Cristo? Y lo hice hasta cuatro veces los domingos. Qué parodia más asombrosa y vergonzosa era esto mí y para todos los que tomaban parte en lo que Roma llama la Misa. El hombre jamás podría repetir la obra de Cristo en la cruz. Pensar que puede hacerlo es una invención del diablo. En Romanos 6:9, la Biblia dice, "Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él". Entonce ¿cómo puede un sacerdote hacer que él muera una muerte no cruenta [sin sangre]? Hebreos 9:22 declara que "...sin derramamiento de sangre no se hace remisión". Por tanto, ¿que se logra con la misa? ¿Purifica y libra almas del purgatorio? La Biblia declara, "...y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado" (1 Juan 1:7).

Dios es Espíritu
El dogma católico dice que en cada partícula del pan consagrado y en el vino consagrado están presentes el cuerpo y la sangre del divino Jesucristo. ¡Qué falsedad! Cristo dijo, "Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mateo 18:20). Pero el sacrilegio de la mentira y el engaño llegan a su clímax cuando el sacerdote, después de la llamada consagración, eleva el pan y la copa mientras los feligreses se inclinan y golpean sus pechos o elevan la vista hacia el cielo, y exclaman: "Señor mío y Dios mío". Esto es idolatría, la adoración de materia creada. Dios no es un pedazo de pan. "Dios es Espíritu; los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren" (Juan 4:24).

Tradición frente a Verdad
Pero yo creía, enseñaba, predicaba y defendía la doctrina de Roma aunque estuviera de acuerdo con la Palabra de Dios o no. Para mí, esa época, la Iglesia con sus concilios y sus tradiciones estaban antes que las Sagradas Escrituras. La voz del papa tenía más autoridad que la del Espíritu Santo. ¿No era la Iglesia de Roma la sola y única que los hombres estaban obligados a creer y obedecer? Por esa razón, yo, como lo hizo Pablo, perseguí activamente la Iglesia de Dios (Gálatas 1:13). En sus propios lugares de culto desafié a los pastores evangélicos, Protestantes como se les llamaba en el catolicismo romano oficial. Los insulté, los humillé y los obligué a salir de sus parroquias donde yo era señor y amo. No sé cuánta de la literatura de ellos logré destruir. Recuerdo un incidente particularmente vergonzoso. Yo, junto con algunos hombres (¿devotos?), vinimos el encuentro de una mujer cristiana rodeada de un grupo que la escuchaba atentamente mientras ella les presentaba la palabra de Dios. Me abrí paso a la fuerza hasta el centro de la multitud y  comencé a ridiculizarla y humillarla y a la obra que estaba haciendo como una sierva de Dios. Amenacé a la multitud que la rodeaba diciéndoles que morirían sin los sacramentos de la Santa Madre Iglesia. Ordené a los que estaban conmigo que juntaran todas las Biblias que se habían distribuido, porque eran falsas. No tenían el sello de aprobación de la verdadera Iglesia, el NIHIL OBSTAT, o el IMPRIMATUR. Se recogieron sesenta y seis Biblias, que hacía poco habían sido impresas, y con mis propias manos las destrocé y las eché a las llamas. No obstante lo hice lodo por ignorancia. Mi Salvador dice, "El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero" (Juan 12:48).

Llamado por Dios
"Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia" (Gálatas 1:15). Oí dentro de mí su voz diciendo, "Cipriano, aquí no es donde tú perteneces. Deja todo esto". Yo simplemente obedecí y salí. El obispo me llamó y yo regresé a mi parroquia, ofreciendo alguna de las bien gastadas excusas. No obstante, la voz del Señor continuó insistiendo. Mientras yo escuchaba las confesiones, me dijo, "No escuches a las debilidades de los otros. Tú no las puedes perdonar de ninguna manera". Cuando celebraba misa o bautizaba a niños, su voz me interrumpía. Abandoné mi cargo por segunda vez y el obispo me llamó de vuelta otra vez. Y todavía la irresistible voz de Dios que no me dejaba en paz. Al fin no pude aguantar más. Fui a la oficina del obispo y le anuncié que iba a abandonar la iglesia. Me contestó "¿Qué estás diciendo? ¿Que te vas de la iglesia? Si no eres feliz en esta parroquia te voy a conseguir una mejor". Mi respuesta fue, "No, lo que estoy tratando de decirle es que no quiero tener más nada que ver con la Iglesia". El obispo reaccionó con, "¿Qué vas a hacer? ¿Adónde vas a ir?" Y yo simplemente respondí, "No sé lo que voy a hacer, ni adónde voy a ir. Todo lo que sé es que tengo que irme de aquí". Irritado, el obispo se paró y trajo algunos formularios para que los llenara solicitando mi salida de Roma. Su disgusto no era tanto conmigo personalmente sino porque iba a perder a un hombre con dieciocho años de estudio y veinte años de experiencia. No fui despedido del sacerdocio en la Iglesia romana; lo abandoné porque EL SEÑOR ME LLAMO.

Salvado por la obra de Cristo solamente
Un mes después estaba en la ciudad de Tijuana, Baja California, México. Allí el Señor tenía un misionero, bajo la guía del Espíritu Santo, preparado para mostrarme a Cristo como el único Salvador. Finalmente, pude entender la Escritura que dice, "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16). He confiado en Cristo; lo he recibido como mi Salvador y como Señor de mi vida. Y debido a esto yo sé que tengo vida eterna. Un hombre no entra al cielo debido a sus obras o sus sacrificios o sus virtudes, grandes como éstas pudieran ser, El único camino al Padre es mediante los méritos ilimitados de Cristo. Ninguna ceremonia, ningún ritual, ningún sacramento puede salvar un hombre.

Estimado lector, ruego que el Espíritu de Dios la otorgue luz, sabiduría y entendimiento para que después de leer mi testimonio se dé cuenta de que la única razón que he dado es para que usted sepa que Dios puede cambiar el criterio, el corazón y la vida de cualquier hombre, no importa cuál sea su condición moral o espiritual. Él me cambió a mí; Él puede cambiarlo a usted. No he proclamado estas verdades para ofenderlo a usted ni a ningún otro. Hay amor en mi corazón y en mi vida porque soy un cristiano nacido de nuevo. Reconozca el hecho de que usted es pecador y confiese sus pecados directamente a Dios tal como yo lo hice un día. Pida a Dios que le perdone sus pecados. Invite a Cristo para que entre en su corazón y su vida, y él le dará la vida eterna. Ahora predico el evangelio en iglesias, el lugares públicos, en prisiones y hogares privados.


Respuesta a Alejandro Bermudez acerca de las Imágenes


por Juan Valles

Esta me vez me toca dar respuesta a Alejandro Bermudez, director de Aciprensa.com y un conocido defensor de las doctrinas del catolicismo. En su sitio web hay un artículo acerca de las imágenes que vamos a ir leyendo y analizando con la finalidad de brindar una respuesta. Como es de saber, uno de los puntos de controversia entre los protestantes y el catolicismo es el tema de las imágenes, un tema que creemos es de vital importancia por estar mencionado en la Biblia de tapa a tapa, pero que el católico cree este asunto tiene respuesta no sólo en la Biblia sino en la correcta interpretación que históricamente brinda la Iglesia católica al respecto. Así que comencemos con nuestras respuestas.

1) La idolatría en la Antiguedad
Bermudez ha escrito:
Desde la antigüedad, el hombre siempre ha usado pintura, figuras, dibujos y esculturas, entre otros, para darse a entender o explicar algo. Estos medios sirven para ayudar a visualizar lo invisible; para explicar lo que no se puede explicar con palabras. Cuando el hombre cayó por el pecado y perdió la intimidad con Dios, comenzó a confundir a Dios con otras cosas y a darles culto como si fueran dioses. Este culto se representaba frecuentemente con esculturas o imágenes idolátricas. La prohibición del Decálogo contra las imágenes se explica por la función de tales representaciones.
Es cierto que desde la antigüedad el hombre ha usado la pintura, entre otros, para expresarse. Pero estos medios más que visualizar lo invisible (o lo que entiendo dice Bermudez, lo espiritual), expresan lo que hay en la imaginación de quien los realiza. Por si fuerza poco, el hombre sabe que existen muchos medios y herramientas para comunicarnos, pero a los que andan conforme a la verdad no deben expresar lo que Dios, de manera explícita, prohibió: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra..." (Exo 20:4). Así que, aunque el hombre las ha usado, no obstante el cristiano, el que tiene y está con la verdad, no debe hacerlo.


2) No importándo (o entendiendo) lo que dice la Biblia
Ya cuando hemos visto lo que dice la Biblia en el segundo mandamiento (Exo 20:4), veamos el argumento del que se aferra Alejandro Bermudez:
Sin embargo, aún cuando muchas personas piensan que el primer mandamiento prohíbe respeto a las imágenes esto no es necesariamente así. El culto cristiano a lo que representan las imágenes no es contrario al primer mandamiento porque el honor que se rinde a una imagen pertenece a quien en ella es representado. Es decir, al que se venera no a la imagen sino a lo que ésta representa.
Es decir, según (y esto se lo he escuchado y corregido a muchos católicos) no importa que se tenga una imagen si ésta representa una imagen cristiana y no pagana. Es como decir: tengo permiso de tener una imagen porque ella representa al Dios de la Biblia. Pero es la Biblia la que me obliga a disentir de esto con un pasaje donde el pueblo intentó representar directamente al Dios de la Biblia, ¿y qué obtuvo? Dios se airó y quiso destruir al pueblo. El pasaje dice:
Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová. Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse. Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande.
Esto no sólo no es nuevo sino ilógico. La idolatría tiene como fundamento adorar o hacer culto a figuras que se creen son divinas. Los hebreos hacían culto a imágenes que creían eran el Dios. Algunos adoraban a Baal, a Astarot o a Jehová, haciendo ídolos de ellos. Pero Jehová, a diferencia de los dioses paganos, había manifestado que no toleraba la idolatría, ni aun tratándose de Él. Dios aborrece la idolatría hasta cuando tratan de hacerle imágenes suyas. No se equivoque usted amigo lector.


3) El Elemento Visual
Tenemos más de los argumentos de Bermudez, en esta ocasión nos dirá el propósito que tiene (o tienen algunos católicos) al utilizar una imagen. Leamos:
En ese sentido, Santo Tomás de Aquino en su monumental Summa Theologiae señala que "el culto de la religión no se dirige a las imágenes en sí mismas como realidades, sino que las mira bajo su aspecto propio de imágenes que nos conducen a Dios encarnado. Ahora bien, el movimiento que se dirige a la imagen en cuanto tal, no se detiene en ella, sino que tiende a la realidad de la que es imagen".


Es como decir: tenemos las imágenes pero no les hablamos a ellas sino a lo que representan. O sea, ¿igualmente no las usan? Ante esto surge otra pregunta: Si de todos modos no las usan, ¿para qué las tienen?

Entonces necesitan un elemento visual. La Biblia dice los cristianos no andamos por vista sino por fe (2Cor 5:7), ¿no evidencia esto que Bermudez (con todo lo que enseña) está en un error? ¿Donde está su fe y la de millones de católicos? La Biblia dice "tener fe es tener la plena seguridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos" (Hebreos 11:1). Dicho de otra manera: no necesitamos ver las cosas que no vemos porque eso es fe, y si no lo sabe, "sin fe es imposible agradar a Dios" (Hebreos 11:6). Por tal motivo importa poco lo que diga Tomás de Aquino o cualquier otro si antes no está en consonancia con la Biblia. Preciso es citar a San Cipriano: «¿Para qué postrarse delante de las imágenes? Eleva tus ojos al cielo y tu corazón; allí es donde debes buscar a Dios.». La cuestión no es citar a quien apoye nuestro punto de vista, sino a quien apoye el punto de vista de Dios en la Biblia.



4) Entendiendo lo de la Serpiente de Bronce
¿Recuerda usted el episodio de la serpiente de bronce? El director de Aciprensa trata de justificarse con ella, y dice:
Incluso ya en el Antiguo Testamento, Dios ordenó o permitió la institución de imágenes que conducirían simbólicamente a la salvación por el Verbo encarnado, y como ejemplo de ellos tenemos la serpiente de bronce o el arca de la alianza y los querubines.
Es necesario saber que la Biblia no se lee por leer. Y es un error común en todos los ámbitos donde se estudia la Biblia el ignorar el contexto en que se escribió un determinado pasaje. El tema de la serpiente de bronce fue ordenada por Dios con dos propósitos bien específicos: uno es para resolver la urgencia de las muertes por mordeduras de serpientes (ver Números 21:8), y dos para apuntar a Cristo (ver Juan 3:14,15). Fuera de esos propósitos no hay nada más que hacer con esa serpiente. De hecho, si el pueblo de Israel fuese católico aún tendrían esa serpiente, porque todavía se valen de ella para sostener una postura claramente condenada en la Biblia. Pero a muchos de ellos se les ha olvidado que siglos después el rey Ezequías quitó esa serpiente (ver 2Reyes 18:4porque daba lugar a la idolatría (como hacen hoy día muchos católicos, sin que ninguno se atreva a quitara). Entonces el argumento de la serpiente de bronce no sirve, porque aun en la Biblia se denuncia que luego de cumplirse el propósito para la cual fue hecha, la gente la usó para lo malo, es decir, para la idolatría.


5) ¿Catacumbas, argumento para la idolatría?
Según Bermudez sí:
Ahora bien, las primeras comunidades cristianas representaron a Jesús con imágenes del Buen Pastor; más adelante aparecerán las del Cordero Pascual y otros iconos representando la vida de Cristo. Las imágenes han sido siempre un medio para dar a conocer y transmitir la fe en Cristo y la veneración y amor a la Santísima Virgen y a los santos. Prueba de ellos, son las catacumbas -la mayoría ubicadas en Roma- donde aún se conservan imágenes hechas por los primeros cristianos, como las catacumbas de Santa Priscila, pintadas en la primera mitad del siglo III.
Las catacumbas existen porque los cristianos, perseguidos por su fe, dejaron muestra de lo que creían en lugares escondidos. Ciertamente incluyen imágenes del buen pastor, de una barca simbolizando la iglesia, o una paloma simbolizando el Espíritu Santo, pero nunca fueron para promover la idolatría o el culto a esas figuras, sino para dejar plasmada su fe. ¿Qué motivos podrían tener de violar el mandamiento de Dios, haciendo figuras de lo que hay en el cielo o en la tierra para adorarlas? Lo que el mismo Clemente había entendido a la perfección, al decir: «Toda imagen o estatua debe llamarse ídolo porque no es otra cosa que materia vil y profana; y por eso Dios, para quitar de raíz la idolatría, ha prohibido en su culto cualquier imagen o semejanza de las cosas que están en el cielo o en la tierra, prohibiendo igualmente su fabricación; y es por esto que nosotros los cristianos no tenemos ninguna de aquellas representaciones materiales.»


6) Jesús, imagen de Dios.
En este punto el argumento de Bermudez apunta a Jesucristo como imagen de Dios, mostrándonos que como Dios tomó forma, y sabemos cómo es esa forma, ¡pues tengamos un ídolo con esa forma!
Sin embargo, con la encarnación de Jesucristo se inauguró una nueva economía de las imágenes. Cristo tomó y rescató las enseñanzas del Antiguo Testamento y le dio una interpretación más perfecta en su propia persona. Antes de Cristo nadie podía ver el rostro de Dios; en Cristo Dios se hizo visible. Antes de Jesús las imágenes con frecuencia representaban a ídolos, se usaban para la idolatría. Ahora, el verdadero Dios quiso tomar imagen humana ya que Él es la imagen visible del Padre.
Pero ¿quién sabe cómo es Jesucristo? ¿Se parecen a Jesús las imágenes que dispone la iglesia católica? ¿O estas imágenes son lo que la gente cree que debe parecerse a Jesús? Peor aun, este argumento tiene la apariencia de ser bíblico pero no lo es, porque aunque la Biblia diga ciertamente que Cristo es la imagen visible del Dios invisible (Col 1:15), no obstante esta Biblia me dice que no debo hacer figura de nada de lo que esté en el cielo a fin de hacerle culto (Exo 20:4-6). Es decir, que aunque una cosa sea cierta, no da permiso de violar otra cosa. La Biblia no se contradice. Y tampoco tendremos la osadía de contradecirla a nuestro provecho sin saber cómo era Jesús, ¿no le parece?


7) Un último alegato
Última parte del escrito de Alejandro Bermudez, último argumento donde apela a lo emocional y no a la bíblico.
La Iglesia Católica venera a los santos pero no los adora. Adorar algo o alguien fuera de Dios es idolatría. Hay que saber distinguir entre adorar y venerar. San Pablo enseña la necesidad de recordar con especial estima a nuestros precursores en la fe. Ellos no han desaparecido en la nada sino que nuestra fe nos da la certeza del cielo donde los que murieron en la fe están ya victoriosos en Cristo.
La Iglesia respeta las imágenes de igual forma que se respeta y venera la fotografía de un ser querido. Todos sabemos que no es lo mismo contemplar la fotografía que contemplar la misma persona de carne y hueso. No está, pues, la tradición Católica contra la Biblia. La Iglesia es fiel a la auténtica interpretación cristiana desde sus orígenes.
La Iglesia procuró siempre con interés especial que los objetos sagrados sirvieran al esplendor del culto con dignidad y belleza, aceptando la variedad de materia, forma y ornato que el progreso de la técnica ha introducido a lo largo de los siglos. Más aún: la Iglesia se ha considerado siempre como árbitro de las mismas, escogiendo entre las obras artísticas las que mejor respondieran a la fe, a la piedad y a las normas religiosas tradicionales, y que así resultaran mejor adaptadas al uso sagrado.
Cierto, adorar y venerar no es lo mismo pero no viene al caso. Aun tratándose de Dios a quien se adora no hay que hacerle imágenes, mucho menos a los llamados "santos" católicos, a quienes según la doctrina católica sólo se veneran.


¿Qué hay con las fotografías de los santos? El argumento de Bermudez es que son como las fotografías de familiares pero no hay paralelo alguno. Vamos a explicarlo: no hay problema en recordar a los santos y seguir sus buenos ejemplos. De hecho en Hebreos 11 se habla de los héroes de la fe y se nombran sus hazañas para que aprendamos e imitemos. Pero contrario a la buena intención católica, la Biblia expresa que no debemos hacer imágenes (de ningún tipo) de nada ni nadie (un absoluto) de lo que está arriba en el cielo o debajo de la tierra. ¿Es tan difícil entender?


La Homosexualidad según Pablo en 1Corintios 6:9


por Juan Valles |

Hace algunos días me escribió alguien a la cuenta de twitter respondiendo a mi twitt de "La homosexualidad es pecado...". Luego de intercambiar algunas opiniones, la persona en cuestión alega que estoy equivocado respecto a dos palabras griegas de 1Corintios 6:9, que son "malakoi" y "arsenokoitai". Estas palabras en la Reina Valera 60 se traducen como "afeminados" y "los que se echan con varones", respectivamente; y han sido siempre un claro ejemplo de qué cosas desagradan a Dios.

Luego de presentarme "su traducción" de estas palabras, y decirme que mi Biblia está equivocada porque tergiversa el verdadero sentido de lo que Pablo escribió, me refiere que ha leído al Dr Renato Lings, y que de él viene su traducción e interpretación del pasaje. Absorto fui a google a buscar de esta persona y hallé una entrevista que le hacen para una página blogger, de donde tomo sus palabras con la finalidad de brindar una respuesta. He aquí las palabras de Lings sobre las dos palabras de 1Corintios 9:
"Si nos acercamos primero a 1 Cor 6:9-10, te diré que muchos traductores se equivocan a la hora de interpretar dos vocablos griegos como son malakoi y arsenokoitai. Por su parte, malakoi significa “blandos”, “blandengues” o “débiles”, mientras que no se sabe prácticamente nada de arsenokoitai. Literalmente vendría a significar “varones-cama” o “varones que se acuestan”. Posiblemente la palabra tenga que ver con los burdeles y con el tráfico ilegal de prostitutas y de prostitutos jóvenes, negocio muy lucrativo en el imperio romano. Insisto, sabemos muy poco de este vocablo. Es importante darse cuenta que no aparece en la literatura erótica redactada en griego. Por esta razón no podemos interpretarlo como referencia a varones homosexuales. Debemos rechazar enérgicamente las traducciones equivocadas, de las que hay, lamentablemente, unas cuantas."

Algunos autores gays han promovido una especie de debate acerca de estas dos palabras, queriendo explicar con ello que en la Biblia y en consecuencia en el cristianismo, no se condena la homosexualidad. Como ejemplo de ello podemos citar a Robin Scroggs, profesor de Teología Bíblica de Union Theological Seminary, Nueva York, quien dijo:
"La homosexualidad a la que se opone el Nuevo Testamento es la pederastía de la cultura greco-romana; las posturas hacia la pederastía y, en parte, el lenguaje usado para oponerse a ella, están dados por la tradición judía".

Similar es la opinión de Victor Paul Furnish, Profesor de Nuevo Testamento de Perkins School of Theology, Dallas, Texas, quien alega que "no se puede estar absolutamente seguro de que las dos palabras claves en 1 Corintios 6:9 se refieran al comportamiento homosexual masculino". Así, Louis Crompton en su libro "Homosexualidad y Civilización" dice:
"De acuerdo con [una] notable interpretación, las palabras de Pablo no estaban dirigidas a los homosexuales "de buena fe" que tenían relaciones comprometidas. Pero tal interpretación, por muy bien intencionada que sea, parece tensa e históricamente inexacta. En ninguna parte Pablo ni cualquier otro escritor judío de ese período implica la menor aceptación de las relaciones homosexuales bajo ninguna circunstancia. La idea de que los homosexuales puedan ser redimidos por la devoción mutua habría sido totalmente ajena a Pablo o a cualquier otro judío o cristiano primitivo." 

En la página de una iglesia de gays hallé un estudio sobre nuestras palabras en cuestión, y hablando de 1Corintios 6:9 y 1Timoteo 1:10 dicen: "Como puede verse, estos dos versículos tratan sobre la práctica de la prostitución y posiblemente, sobre la pederastia."

Todas estas opiniones han avivado el debate sobre estas cuestiones que a nosotros nos toca escudriñar y analizar, no sobre la base de nuestras preferencias sexuales sino a lo que dice Pablo con palabras propias de su época. Así que comencemos con la primera de ellas.


¿Qué significa Malakoi?
La palabra griega "malakoi" se traduce de diversas maneras obedeciendo al contexto, y es quizá por su significado primario que se ha generado tanto debate. Principalmente alude a algo delicado, como bien puede verse en Mateo 11:8 (ropa fina) sobre la vestimenta de Juan el Bautista. De ahí que la posición de los pro-homosexuales sea de que se refiere a cualquier cosa excepto a homosexuales. Pero la palabra se usa de manera metafórica para referirse a los delicados o blandos respecto al tacto.

Si vamos al Diccionario de Strong encontraremos que malakós significa "de afinidad incierta; suave, i.e. (ropa) delicados; figurativamente afeminado:-afeminado, delicado". Mientras que Edward Vine nos dirá también que significa algo "suave al tacto (Lat., mollis; Cast., muelle, en el sentido de decadente, son de la misma raíz). Se usa: (a) de vestimenta (Mat 11:8, dos veces); (b) metafóricamente, y en mal sentido (1Co 6:9), «afeminado», no solo de un varón que practica formas de perversión sexual, sino en general de las personas que son culpables de adicción a pecados de la carne, voluptuosas".

Siempre es necesario leer a Barclay, el erudito de la Universidad de Escocia, quien luego de traducir esta palabra como "sensuales" en su comentario a Corintios, comenta:
"La palabra (malakós) designa a los que son amanerados y afeminados, que han perdido la virilidad y viven para los placeres rebuscados. Describe lo que podríamos llamar regodearse en el lujo en el que se ha  perdido toda clase de resistencia al placer. Cuando Ulises y sus marineros llegaron a la isla de Circe se encontraron en una tierra en la que crecía la flor de loto, que hacía olvidarse de su patria y de su familia al que la comiera, y no desear otra cosa que el vivir toda la vida en aquella tierra en la que siempre era la hora de la siesta.» Ya no sentían el ímpetu viril  de «elevarse a la cresta de la ola turgente.» Esa era la clase de vida que apelaba a los sensuales."
También se nos hace imprescindible leer a Sistemaker en su comentario a Corintios: "La siguiente palabra griega malakoi (homosexuales) tiene que ver con «hombres y niños que permiten ser abusados sexualmente». La palabra connota sumisión y pasividad."

Otro de los argumentos de los "teólogos" gays es que las traducciones contra la homosexualidad se derivan de lo que actualmente se piensa de ello, por personas tendenciosas que se aprovechan de su aversión hacia la homosexualidad, y no de lo que Pablo escribió hace dos mil años; es decir: el término no se usaba contra la homosexualidad. Para ello considero muy preciso y relevante el comentario de Michael Brown en su libro "¿Gay y cristiano?", quien alega:
"En resumen, la primera palabra malakos (plural, malakoi) significa literalmente "suave", y se usa en ese sentido en los versículos como Proverbios 25:15 (la blanda respuesta, en la Septuaginta) y Mateo 11:8 (vestiduras delicadas). Sin embargo, en otras partes de la antigua Grecia, el término se utiliza comúnmente para la pareja receptiva en el sexo homosexual, así como para los hombres que se vestían y actuaban como mujeres (de ahí la traducción "afeminados" en la versión Reina Valera, pero claramente no significaba un hombre que simplemente tenía algunos rasgos afeminados no intencionales)."
Así que los malakoi eran lo que siempre se ha dicho: homosexuales, y no importa cuánto debate se siga generando por esta palabra, pues los teólogos gays han logrado que los homosexuales se sientan felices creyendo que la Biblia los apoya. Pero no es así. 

¿Cómo lo traducen nuestras versiones modernas? La Biblia Textual, una de mis preferidas, traduce afeminados. La Nueva Versión Internacional como sodomitas. La versión Palabra de Dios para Todos traduce como "hombres que se dejan usar para tener sexo con otros hombres". La Biblia Peshita como depravados. La Nueva Traducción Viviente como Prostitutos. El Nuevo Testamento de Recobro, la Reina Valera de 1865, 1909, 1960, 1995, 2009, la versión Dios Habla Hoy, la versión Hipanoamericana, el Nuevo Testamento de Pablo Besson, y la Traducción en Lenguaje Actual traducen como Afeminados.

Así que si usted es homosexual y cree que las traducciones modernas condenan por error la homosexualidad, debo decirle que el que está en error es usted.


La segunda palabra: arsenokitai
Esta otra palabra es la que en nuestro pasaje de 1Corintios 6:9 se traduce como "los que se echan con varones" (Reina Valera 60). Recordemos las palabras de Renato Lings que hemos citado al principio de este artículo:
"Posiblemente la palabra tenga que ver con los burdeles y con el tráfico ilegal de prostitutas y de prostitutos jóvenes, negocio muy lucrativo en el imperio romano. Insisto, sabemos muy poco de este vocablo. Es importante darse cuenta que no aparece en la literatura erótica redactada en griego. Por esta razón no podemos interpretarlo como referencia a varones homosexuales."

En una página que abiertamente apoya la homosexualidad, se trata de dar una definición de esta palabra, y dice que "se refiere a las relaciones homosexuales que implican abuso, lujuria y libertinaje, donde un hombre fuerza sexualmente a otro, o utiliza y se aprovecha de los servicios de jóvenes prostitutos." Y la opinión de la Dra A. Nylan es que "La palabra no significa "homosexual", sino más bien su alcance semántico incluye uno que penetra analmente a otro (femenino o masculino), violador, asesino o extorsionador."

Es decir, según esta definición lo que la Biblia estaría prohibiendo son las conductas insanas que van más allá de una relación normal entre homosexuales. De igual manera piensan otros, y cito un análisis de arsenokoitai, donde dicen:
"La segunda palabra, arsenokoitai, la encontramos una vez en 1 Corintios y otra vez en 1 Timoteo, pero no aparece en ningún otro texto de la época. Deriva de dos palabras griegas, cuyos significados son "varones" y "camas" respectivamente, como un eufemismo para designar un acto sexual. Existen otras palabras griegas que eran usadas comúnmente para referirse al comportamiento homosexual, pero no las encontramos aquí. El contexto más amplio de 1 Corintios 6 nos muestra a Pablo extremadamente preocupado por la prostitución, por lo tanto es muy posible que esté refiriéndose a la prostitución masculina. Pero muchos especialistas que actualmente tratan de traducir esas palabras han llegado a una sencilla conclusión: su verdadero significado es dudoso."

Entonces la fuerza del argumento de la teología homosexual es que Pablo no prohibiría la homosexualidad sino pecados que van mucho más allá, y donde una sana relación entre homosexuales estaría permitida. ¿Esto es lo que enseña realmente la Biblia? Es obvio que es lo que pretenden hacernos pensar los homosexuales, y Thomas E. Schmidt en su libro "La Homosexualidad: Compasión y Claridad en el Debate" nos habla de ello con mucha precisión:
Toda esta especulación tan interesante va encaminada a crear una categoría de pecadores muy concreta, a quienes entonces podemos rechazar sin rechazar la homosexualidad. Pero tales intenciones recibieron una sacudida sencilla y decisiva cuando David Wright demostró en 1984 que arsenokoites era un término acuñado por los judíos helenistas, quizás por Pablo mismo, con procedencia directa del texto de Levítico, del Antiguo Testamento griego:

Meta arsenos koimethese koitengynaikoJ (Lv 18:22).
Literalmente: un hombre no te acuestes [como quien] se acuesta [con una] mujer
hos an koimethe meta arsenos koiten gynaikos (Lv 20: 13).
Literalmente: cualquiera que se acueste con un hombre [como si] se acostara con una mujer.

El origen de la palabra compuesta arsenokoites ahora es obvio y el hallazgo es importante en muchos aspectos. Primero, como los pasajes de Levítico no hacen ninguna distinción entre las formas particulares de comportamiento homosexual, es poco probable que el usuario de la palabra compuesta hiciera tal distinción. 

Esta palabra está compuesta por dos términos, arsen (que significa "varón") y koites (que significa "cama"). Y su relación con la homosexualidad es que no sólo significa "cama" como algo para dormir sino como lecho matrimonial. Aunado a eso muy probablemente es de "koytes" de donde se origine nuestra palabra coito, dando la estocada final a las aspiraciones de aquellos que quieren hacernos creer que la homosexualidad es bíblicamente permitida. Consultando a William Hendriksen en su Comentario a 1Timoteo (donde está presente arsenokoitai), hallamos:
"Inmediatamente después de “inmorales”, Pablo menciona a los “sodomitas”. La palabra empleada en el original está compuesta de dos partes: hombre y cama (particularmente la cama matrimonial). Por lo tanto, la referencia es directamente a los homosexuales masculinos, en otras palabras a los sodomitas (cf. Gn. 19:15), “cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres” (Ro. 1:27; 1 Co. 6:9); indirectamente, la referencia es a todos los homosexuales, masculinos y femeninos." 

¿Qué dicen los expertos acerca de esta palabra? La máxima autoridad del griego Bíblico que se conoce hasta ahora es A. T. Robertson, quien en su comentario a esta palabra en 1Corintios 6, dice que se trata de un "compuesto tardío para designar a los homosexuales". También hace un comentario similar para 1Timoteo 1:10 y dice que es un compuesto para designar a los homosexuales, que van con hombres como con mujeres, tal como el comentario anterior de Schmidt. En el Léxico Griego Español del Nuevo Testamento de A.Tuggy leemos que significa "sodomita, homosexual, invertido, quien tiene vicios contra lo natural". Edward Vine utiliza las mismas palabras de "sodomita" y "que se echa con varón" y Strong repite la fórmula del "que se echa con varón". Y Kistemaker nos dice que "arsenokoitai (sodomitas), señala a hombres que practican la homosexualidad (1 Ti. 1:10). Son agentes activos en su búsqueda." Estos comentarios dejan fuera de toda duda que las voces más respetables respecto del griego de la Biblia enseñan inequívocamente que esta palabra describe a homosexuales, y que consideran que los sodomía no es más ni menos que homosexualidad sin entrar en más detalles.

El siempre respetado William Barclay presenta en su comentario de 1Corintios su análisis de esta palabra, y agrega:
Hemos dejado para el  final  el  pecado contra naturaleza: los  homosexuales. Esta condición se había extendido como un cáncer por toda Grecia, y había invadido Roma. Apenas nos podemos dar cuenta de hasta qué punto había plagado el mundo antiguo. Hasta una persona tan elevada como Sócrates lo practicaba; el diálogo El banquete, de Platón, que ha originado la expresión «amor platónico», se refiere a esta clase de «amor». Catorce de los quince primeros césares practicaban este vicio contra naturaleza. Por aquel tiempo, Nerón era el emperador, y se había apoderado de un chico llamado Esporo, al que había castrado, y luego se había casado con él en una ceremonia completa de boda y le había conducido en procesión a su palacio para tenerle como «esposa». Con una aberración increíble, el mismo Nerón se había casado también con un tal Pitágoras, al que tenía por su «marido». Cuando eliminaron a Nerón y Otón ocupó su puesto, una de las primeras cosas que hizo fue tomar posesión de Esporo. Mucho más  tarde, el  nombre de Adriano estuvo involucrado con el  del joven bitinio Antonous, con el  que vivió inseparablemente y, cuando murió, le deificó y llenó el imperio de estatuas suyas e inmortalizó su pecado dándole su nombre a una estrella. Por lo que se refiere a este vicio, en los tiempos de la Iglesia Primitiva el mundo había perdido la vergüenza, lo que fue una de las causas principales de la degeneración y colapso final de su civilización.

Aunque ya hemos visto lo que opinan los proponentes de la homosexualidad, no obstante es claro que arsenokoitai se traduce correctamente por homosexuales activos. Mike Haley en su libro "101 Preguntas Frecuentes sobre la Homosexualidad" agrega:
"...la palabra arsenokoitai en griego significa machos que llevan a otros machos a la cama. Esto se refiere a los homosexuales.
La cuestión de fondo para todos los cristianos que creen en la Biblia es que la misma no deja lugar a confusión con respecto al tema de la homosexualidad. Las Escrituras son claras en cuanto a que la homosexualidad va en contra de la intención original de Dios para la humanidad. Dicho de manera más simple: es pecado."

Así que la evidencia respalda lo que dice la versión Reina Valera: "los afeminados y los que se echan con varones". Por mucho que a los homosexuales les resulte ofensivo y erróneo lo que dicen las traducciones modernas no obstante es la verdad. John McArthur lo dice así en su comentario a la Primera Carta a los Corintios:
"Los afeminados y los que se echan con varones se refieren ambos al intercambio y corrupción de la actividad y relación normales del hombre y la mujer. Está incluido el travestismo, el cambio de sexo, la homosexualidad y otras perversiones sexuales. La creación singular de Dios, lo que están creados a su imagen y semejanza, "varón y hembra los creó" (Gn. 1:27) y el Señor prohíbe estrictamente que se confundan esos papeles, mucho menos intercambiarlos."

Y luego agrega a los que creen que en base al amor debe permitirse la homosexualidad:
"Las iglesias que, en nombre del amor, defienden la homosexualidad y aprueban ministros, "matrimonios" y congregaciones homosexuales no solo pervierten las normas morales de Dios, sino que animan a que sus miembros vivan en pecado. Animar el pecado no tiene parte en el amor."

Es curioso que uno de los argumentos de los homosexuales sea que las traducciones en contra de la homosexualidad sean respaldadas por la homofobia, y que sea ésta el motor en contra de la homosexualidad y no las palabras de Pablo. Pero la evidencia dice otra cosa, y existe un coro de voces y traducciones que buscan sólo expresar la verdad, y la habrían dicho a su favor si así fuera. No obstante, la unanimidad en contra de la homosexualidad es abrumadora, no por homofobia sino por verdad: la homosexualidad es pecado. Michael Brown lo expresa así en su muy recomendable libro "¿Gay Y Cristiano?: Respuestas Con Amor Y Verdad a Las Preguntas Acerca de La Homosexualidad":
"Significativamente cuando las dos palabras malakos y arsenokoites se utilizan una al lado de la otra, las connotaciones sexuales son innegables, razón por la cual existe un acuerdo casi unánime en los principales diccionarios y traducciones."

Aunque no deja de ser importante que Pablo advierta que la homosexualidad es pecado, también agrega Pablo una noticia para los homosexuales que no puede pasar desapercibida: "Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios." (1Corintios 6:11). Pues, aunque la homosexualidad no está dentro del plan de Dios como algo natural sino en la pecaminosidad del ser humano (del mismo modo del que miente o el que roba), no obstante está en la mente de Dios el sacar de la pecaminosidad a todo el que acuda a Él. Dios es fiel: sí es posible salir de la homosexualidad.

Como nota final, culminaremos nuestro artículo con palabras de Brown: "Estimado lector, por favor, no deje que nadie lo engañe con la creencia de que Pablo no estaba hablando en contra de la práctica homosexual en general."