¿Debemos Adorar a Jesucristo?


por Juan Valles | 

El término “adoración” es algo que sugiere reverencia absoluta, y debe ser ejercida hacia Dios. En la Biblia hallamos numerosos ejemplos donde se le tributa a Dios la adoración que se merece, y hallamos también que a Cristo se le atribuye la misma acción, y es eso lo que venimos a tratar a través de este sencillo estudio.

Definiendo un poco lo que es adoración, hallamos que es un culto que se rinde a Dios, una reverencia que puede expresarse por medio de alabanzas, oración, fiestas, acción de gracias, sacrificios, etc.

En el antiguo testamento se halla una advertencia muy dura, la cual los judíos debían cuidarse de obedecer. Específicamente en el libro de Éxodo podemos ver a Moisés hablando con Jehová, el cual le da la siguiente instrucción: “Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es.” (Ex 34:14).

Puede que usted no comprenda el valor de estas palabras. Dios dice que no debe postrarse ante nada ni nadie, pues eso le causa celo a Dios. El motivo es muy simple: el hecho de inclinarse o postrarse ante alguien expresa adoración.

Es interesante que en la Biblia, el término griego que se traduce por adoración es “proskuneo”, una palabra que significa inclinarse, postrarse, adorar, o reverenciar. Para complementar esta información, Vine dice que esta palabra significa “hacer reverencia, dar obediencia a (de pros, hacia, y kuneo, besar). Es la palabra que con más frecuencia se traduce adorar.”

Ahora bien, esta palabra se usa para expresar la adoración a Jehová, hallándose en muchas citas. No obstante, esta palabra se usa también para destacar la adoración a Jesucristo, lo cual no es bien visto por algunos grupos sectarios, ni por algunos que se consideran cristianos.

Por citar un ejemplo, la Biblia de los testigos de Jehová ha cambiado todas las citas donde a Jesucristo se le rinde adoración, y ha cambiado la palabra “adoración” por “rendir homenaje”. La razón por la cual ellos han cambiado esto es obvia: ellos no creen que Jesucristo es Dios, y como la adoración debe tributarse a Dios, entonces ellos han hecho esta sustitución en el texto que cambia radicalmente el sentido del mismo. Ellos se excusan en que el término “poskuneo” sugiere reverencia, homenaje, y por eso lo cambiaron porque no aceptan la Deidad de Cristo.

Pero es necesario dejar a la Biblia que diga lo que diga, y no lo que nosotros queremos que diga. Entonces, cuando se usa la palabra “proskuneo” para Jehová Dios lo traducen como adoración, pero la cambian cuando el término se refiere a Jesucristo ¿traducen homenaje? ¿No debieran ser más justos en esto? O traducen homenaje tanto para Jehová como para Jesús, o traducen adoración. ¿Sí o no?

Pero la Biblia es rica en cuanto a conocimiento, y el Dios Eterno no permite que disfracen nada en Su Palabra, de tal manera que los ejemplos abundan para la Deidad de Cristo y su consecuente adoración.

Vamos a citar unos ejemplos sobre esta palabra. En el libro de los Hechos, vemos cómo se usa el término “adoración”. Cito textualmente el pasaje: “Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre.” (Hechos 10:25,26)

Una de las excusas que presentan los testigos de Jehová para no colocar “adoración” en el texto, es que consideran a Jesús un semi Dios o algo similar. Dicen que la adoración es un acto exclusivo a Dios, y por lo tanto, ningún ángel ni hombre puede recibirla, de tal manera que a Jesús lo privan de recibir lo que merece por derecho y justicia. Pero, si esto fuere así, ¿por qué no cambiaron la palabra cuando se refiere a Pedro, a sabiendas de que Pedro también es un hombre?

No obstante, hay detalles más importantes a discutir a través de este texto. Fíjese que el pasaje dice claramente acerca de Cornelio: “y postrándose a sus pies, adoró.” ¿Qué quiere decir esto? El hecho de postrarse ante alguien sugiere adoración. El mismo Jehová exhorta a no inclinarse ante nadie, pues una acción como ésa expresa adoración: “Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es.” (Ex 34:14)

Ahora bien. Cornelio, con sólo postrarse, adoró a Pedro. ¿Ofrecen las Escrituras algo similar? Sí. En el Apocalipsis vemos al apóstol Juan ante un ángel, y Juan intenta hacer lo mismo que nuestro amigo Cornelio: “Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.” (Apocalipsis 19:10)

La respuesta del ángel es iluminadora: “adora a Dios”. (Ver también Ap 22:8). Vemos que la respuesta de Pedro y la del ángel son básicamente la misma: “no podemos adorar hombres, sino a Dios”. ¿Sucedió así con Jesucristo?
“Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero… y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra. (Ap 5:8-10).

¡Extraordinario! Ya no se nos dice que sólo podemos postrarnos ante Cristo sino que también podemos alabarle! ¡En el cielo, las criaturas se postran ante Jesús y le cantan!

Alguien pudiera decirme que sólo le rendían homenaje, pero considerando lo celoso que es Dios: “Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es.” (Ex 34:14). ¿Será entonces posible que se estén postrando ante Cristo realmente? ¿O es que es entonces falsa la cita de Jehová?

Lo más impresionante de todo ese pasaje ocurre en el verso 14, donde se nos dice que nadie se queda sin alabar, ¿sabe usted a quíen? Observe:
“Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.”

Jesucristo comparte le Gloria que sólo le pertenece a Jehová, y ambos reciben Gloria, Alabanza, Honra y poder por los siglos de los siglos! ¿Qué otra necesidad tenemos de encontrar otra cita que se nos diga que a Cristo se le adora si aquí tenemos un momento extraordinario en la historia de la humanidad! ¡Aquí está la Deidad hallada con su creación y disfrutando de la adoración tributada por todo lo creado!

Siguiendo con nuestro estudio, ¿hay algún otro paralelismo? Sin duda. El apóstol Juan fue muy explícito con los filipenses cuando escribió: “para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2:10,11).

Con un pasaje como ése, ¿será que Pablo no sabía que si alguien se inclina de rodillas ante Jesús lo estaba adorando? ¿Cómo pues, es posible que Pablo diga tal cosa? Pablo no sólo está afirmando que a Jesucristo podemos adorarle, sino que lo identifica con Jehová, pues toma lo que Jehová dijo para sí y se lo aplica a Jesucristo: “Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua.” (Is 45:23) ¡Extraordinario!

Entonces, ¿por qué hay quienes no adoran a Jesús? Sencillamente no quieren aceptar el hecho de que Jesús es Dios.

En Mateo 14:33 dice: “Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.” En Juan nos habla Jesús: “…para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.” (5:23). El escritor de Hebreos es explícito: “Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios.” (Heb 1:6). En Mateo 8:2 el leproso se postró ante Jesús. En el mismo libro vemos a Jairo postrándose ante Jesús (9:18). En el capítulo 15 verso 25 se nos dice que la mujer cananea se postró ante Él. Hasta la madre de Juan se postró ante Jesús (Mt 20:20). Acerca del ciego que había sido sanado se nos cuenta: “Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró. (Jn 9:38). Luego de la resurrección, mateo nos habla acerca de las mujeres que le vieron: “he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.” (Mt 28:9).

Para culminar nuestro estudio, bastará con detallar bien el término griego “proskuneo”. Para ello, apelo a la autoridad de Vine, cuyo diccionario es frecuentemente utilizado por la sociedad Watchtower de los testigos de Jehová para apoyar sus teorías (Vine Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento Exhaustivo, (Nashville: Editorial Caribe) 2000, c1999.), quien nos cuenta que el término significa: “hacer reverencia, dar obediencia a (de pros, hacia, y kuneo, besar). Es la palabra que con más frecuencia se traduce adorar.

Por ello es que cuando se habla de postrarse, inclinarse, arrodillarse ante alguien, estamos en presencia de un intento de adoración, pues el término está compuesto de “pros” que significa “hacia”; y “kuneo” que se traduce por “besar”. Es la palabra que más se traduce por “adoración”, tanto, que se usa para Jehová Dios, para Cristo, al dragón, por parte de los hombres (Ap 13.4); a la bestia, su instrumento humano (Ap 13.15; 14.11; 16.12); a demonios (Ap 9.20); a ídolos (Hch 7.43). Entonces, si fuera cierta la excusa que suelen presentar los testigos de Jehová de que cuando se usa “proskuneo” para Jesucristo no lo traducen adorar porque no lo consideran Dios, ¿porqué razón es que a Satanás si le traducen el término tal como significa: “adoración”? Si usted es testigo de Jehová puede verificar lo que digo en las citas que acabo de citar arriba.

Entonces, ¿qué nos queda por hacer? Seguir el ejemplo de toda la creación: “Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero…” Así que adoremos a Jesucristo con toda libertad, sin importar lo que digan las sectas. Recordemos las palabras de Nuestro Salvador: “…para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.” (5:23).



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