¿Existe el socialismo en la Biblia?

por Juan Valles |

Para muchos es un secreto que Dios se interese en la economía y los negocios, e ignoran que Dios ha plasmado en la Escritura su interés por estos temas. Larry Burkett, fundador y director de «Conceptos económicos cristianos», y quien es citado por D.J. Kennedy en su libro "¿Y qué si Jesús no hbubiera nacido?", sostiene que la Biblia, con más de setecientas referencias al dinero, habla más sobre economía que sobre muchos otros temas. Escribe:

"El dinero es algo tan importante que dos tercios de las parábolas de Cristo se relacionan con su uso y administración. Esto de por sí debiera hablamos de la Importancia de entender los planes de Dios para la economía."
Aunque para muchas personas el socialismo haya dejado de ser una novedad o tema de actualidad, no obstante para otros se ha hecho un tema recurrente; no obstante, dejando a un lado lo que proclaman los políticos, los pensadores, los fanáticos y aun los detractores, vamos a quitarnos el calzado para resolver un dilema que se ha estado planteando desde hace mucho tiempo: el socialismo visto por la Biblia.


Para muchos temas, la Biblia puede resultar ser un trampolín que promueva infinitamente sus bondades, o bien la piedra de tropiezo que le extinga. ¿Qué podemos observar acerce del socialismo? ¿Es verdad que puede apoyarse en las Escrituras?

Un pasaje comúnmente citado por los pensadores socialistas se encuentra en el libro de los hechos: "La multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma. Ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común." (Hechos 4:32).

Ciertamente, este pasaje habla de tener las cosas en común, que es uno de los bationes del socialismo, el vivir en comunidad, la relevancia de lo social y el bienestar común. Pero con toda sinceridad hay que destacar algunos aspectos:

Un pasaje similar a éste está en 2:44. Nadie obligó a los creyentes a entregar sus pertenencias. En el caso del socialismo o aun en el comunismo, el Estado es quien hace sujetar a la población la propiedad a fin de administrar para la comunidad y para lo equitativo. Fíjese que el texto dice "nada de lo que poseía", es decir, ninguna de sus propiedades. A pesar de que todos los creyentes voluntariamente ofrecían sus pertenencias, nadie podría negar que se trata de propiedad privada. ¿Ellos las entregaban? Sí. Pero basta con leer que eran de "un corazón y un alma" para darse cuenta que se hacía por amor, no por sistema político, estadal, económico, etc. Cada quien era libre de hacer con su propiedad lo que le resultaba más conveniente.

Pero había un motivo más para esta extraordinaria conducta de los creyentes. Como bien es sabido, la Iglesia del primer siglo esperaba el pronto regreso de Jesucristo. Nadie sabía el día ni la hora en que Cristo regresaría (como tampoco nadie lo sabe ahora), pero ellos creían estar seguros de que la segunda venida estaría próxima. Un ejemplo calor está en los escritos de Pablo cuando dice: "Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron" (1Tes 4:15), dando a entender claramente que creía encontrarse entre los vivientes para el regreso de Cristo Jesús. Por ello, los cristianos no se aferraron a nada material, sino que vivían con todo en común, a sabiendas de que pronto no lo necesitarían.

Francamente no podemos tomar ese pasaje como un apoyo de la Biblia hacia el socialismo, aunque puede notarse que, si un grupo de personas decide compartirse sus bienes de todo corazón, movidos por el amor y la hermandad, los resultados serían altamente satisfactorios.

¿Qué del Capitalismo?

Ahora bien, el otro lado de la moneda lo representa lo que se denomina la libre empresa, que lleva implícito la idea de la propiedad privada. ¿Es bíblico el capitalismo? ¿Puede apoyarse con la Escritura? Para sorpresa de muchos, sí, y bastante.

La libre empresa era disfrutada por los apóstoles. En Mateo 4:21 se habla de Juan y su hermano Jacobo, quienes trabajaban con su padre en la barca de éste. Estos pescadores eran dueños de una barca con la cual producían su sustento, al igual que Pedro, en cuya barca entró Jesús en Lucas 5:3 para obrar una pesca milagrosa. Aun Jesús era carpintero según Marcos 6. Pero más enfático no puede ser el pasaje donde el joven nazareno, con apenas doce años, se refiere al Dios Padre como poseedor de un negocio cuando dice: " --¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?" (Luc 2:49).

La sabiduría de la Biblia también destaca la propiedad privada y la bondad de la libre empresa en proverbios 24:27 "Prepara tus labores fuera, dispónlas en tus campos y edifica después tu casa."

Un comentario adicional lo proporciona D. J. Kennedy, el famoso pastor presbiteriano autor de "Por qué Creo" y fundador de "Evangelismo Explosivo Internacional", quien admite:

"¿Qué dice la Biblia tocante a la economía? Sólo en el Decálogo -los Diez Mandamientos- tenemos un sólIdo respaldo a la propiedad privada, fundam,ento de toda buena economía. El mandamiento «No hurtarás» (Exodo 20.15), como VIrtualmente todo teólogo ha declarado durante veinte siglos, es una garantía .divina a la propiedad privada. Yo no puedo hurtar algo de usted si usted no es su dueño. Además, en el Decálogo tenemos tamblen el mandamiento: «No codiciarás la casa de tu prójimo[...] ni cosa alguna de tu prójimo» (Éxodo 20.17). Otra clara enseñanza sobre la propiedad privada."

En base a esto, ¿es importante para Dios la propiedad privada? Bastará con leer la historia de la viña de Nabot, la cual trató de adquirir o cambiar el Rey (y a lo que muchos denominan una "expropiación", término usado cuando un Mandatario, Rey, etc., adquiere en base a su autoridad, un bien para un fin específico). El pasaje dice:

"Pasadas estas cosas, aconteció que Nabot, de Jezreel, tenía una viña junto al palacio de Acab, rey de Samaria. Acab dijo a Nabot:
--Dame tu viña para un huerto de legumbres, porque está cercana a mi casa, y yo te daré por ella otra viña mejor que esta; o si mejor te parece, te pagaré su valor en dinero.
Nabot respondió a Acab:
--¡Líbreme Jehová de darte yo la heredad de mis padres!
Acab se marchó a su casa triste y enojado, por lo que Nabot, de Jezreel, le había respondido, al decirle: "No te daré la heredad de mis padres". Se acostó en su cama, volvió su rostro y no comió. Su mujer Jezabel se le acercó y le dijo:
--¿Por qué estás tan decaído de espíritu y no comes?
Él respondió:
--Porque hablé con Nabot, de Jezreel, y le dije que me vendiera su viña o que, si lo prefería, le daría otra viña por ella. Y él respondió: "Yo no te daré mi viña".
Su mujer Jezabel le dijo:
--¿No eres acaso tú el rey de Israel? Levántate, come y alégrate; yo te daré la viña de Nabot de Jezreel.
Entonces escribió ella cartas en nombre de Acab, las selló con su anillo y las envió a los ancianos y a los principales que vivían en la ciudad junto a Nabot. Las cartas que escribió decían así: "Proclamad un ayuno y sentad a Nabot delante del pueblo. Poned a dos hombres perversos frente a él, que atestigüen contra él y digan: "Tú has maldecido a Dios y al rey". Luego sacadlo y apedreadlo para que muera". Los de su ciudad, los ancianos y los principales que habitaban en ella, hicieron como Jezabel les mandó, conforme a lo escrito en las cartas que ella les había enviado. Promulgaron un ayuno y pusieron a Nabot delante del pueblo. Llegaron los dos hombres perversos y se sentaron frente a él. Aquellos hombres perversos atestiguaron contra Nabot delante del pueblo diciendo: "Nabot ha maldecido a Dios y al rey". Entonces lo llevaron fuera de la ciudad y lo apedrearon, y murió. Después enviaron a decir a Jezabel: "Nabot ha sido apedreado y ha muerto". Cuando Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y muerto, dijo a Acab: "Levántate y toma posesión de la viña de Nabot, de Jezreel, la que no te quiso vender, pues Nabot ya no vive, sino que ha muerto".
Al escuchar Acab que Nabot había muerto, se levantó para descender a la viña de Nabot, de Jezreel, y tomar posesión de ella.
Entonces llegó la palabra de Jehová a Elías, el tisbita, diciendo:
"Levántate, desciende a encontrarte con Acab, rey de Israel, que está en Samaria. Él está en la viña de Nabot, a la cual ha descendido para tomar posesión de ella.
Tú le dirás: "Así ha hablado Jehová: ¿No solo has matado, sino que también despojas?" Y volverás a decirle: "Así ha dicho Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre".
Acab dijo a Elías:
--¿Me has hallado, enemigo mío?
--Te he encontrado --respondió él--, porque te has prestado a hacer lo malo delante de Jehová. Yo voy a traer el mal sobre ti, barreré tu posteridad y destruiré hasta el último hombre de la casa de Acab, tanto al siervo como al libre en Israel. Pondré tu casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat y como la casa de Baasa hijo de Ahías, por la rebelión con que provocaste mi ira y por haber hecho pecar a Israel. De Jezabel también ha hablado Jehová, diciendo: "Los perros se comerán a Jezabel en el muro de Jezreel". Al que de la familia de Acab muera en la ciudad, los perros lo comerán, y al que muera en el campo, se lo comerán las aves del cielo." (1Reyes 21:1-24)
Está claro que para Dios la propiedad privada es importante. Y que el concepto de libre empresa es apoyado por la Biblia. Aunque el socialismo parezca ser bueno, equitativo, no es lo que parece estar acorde con la filosofía divina. Dios concede la propiedad privada, y en la Biblia se muestra la libre empresa. ¿Qué diría un socialista acerca de las parábolas de Jesús, donde el Señor entregaba a sus siervos talentos de aucerdo a la capacidad de cada uno, y luego de irse por un tiempo volvió para rendir cuentas, promoviendo y bendiciendo a los que multiplicaban el talento mediante el uso, y reprobando al que no lo multiplicó? Puede verlo con más detalle en Mateo 25:14-24.

Así, Dios bendice el fruto y la obra de las manos. El socialismo es la ayuda del gobierno. Dios nos exhorta a que ayudemos nosotros, lo cual es diferente. Bendiciones.


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